martes 15 de septiembre de 2009

los ojos de sandra


La secretaria del piso pasa por mi sector. Con esos jeans ajustados se ve más flaca que nunca, pero me gusta. Deja un sobre grande en mi escritorio. Es rojo y adentro hay un folleto de cartón satinado. También rojo. Lo abro sin curiosidad. Tengo que ascender y ganar más. No quiero ser para siempre un “medio pelo” en la firma.
Leo: Su empresa Capitalis S.A., preocupada por hacer el clima de trabajo más agradable, invita a usted a un curso. En dos días aprenderá a relajarse. Corregirá malos hábitos. Reducirá el stress para trabajar más cómodamente…
Vivo tenso. Si llegara a ser cierto sería maravilloso. Tal vez podría relajarme y dejar de ser tan enamoradizo. Me gustan todas las mujeres. Pero nunca me conformo con ninguna.

Llego a un galpón pelado, de piso de cemento. Me ataja un chico con cara de niño y sonrisa enorme. Me dice:
-¡Hola! ¡Bienvenido! te pongo esta cintita en la muñeca, no te la quites hasta el final, es para volver a entrar mañana. Ahora dejá tus zapatos aquí a la izquierda y buscá una silla para acomodarte.
Me miro la pulsera que dice algo que no entiendo, debe ser en hindú, mientras me pregunto quién sería capaz de venir por voluntad propia. Veo unas filas de zapatos que me dan la sensación de restos humanos luego de una catástrofe. Avanzo en medias, elijo una silla que es apenas una colchoneta en el suelo y un respaldo de lona. Quisiera huir pero tengo que hacer esto. Y lo que es peor, tengo que hacerlo bien. Están todos mis compañeros de la oficina y mi jefe. Toto ya hizo este curso. ¿Cómo podré hacer yo…?
Me acerco a Toto, a pedirle consejos y quedo con mi pregunta enganchada. Parece un Buda, con las piernas cruzadas, pelado.
Medita.
Ya es la hora, ¿qué pasa que no empiezan?
Recorro con la vista a los demás. Algunos están sentados. Ni me ven. Casi nadie habla. Mañana yo también me traigo una manta para cubrirme las piernas, veo a varios así y es buena idea porque hace frío.
¿Cuánta gente habrá?
Somos un montón los de Capitalis S. A, de todas las sucursales de los países de habla hispana. Es raro vernos sin la formalidad de la oficina, sentados en el suelo. Descalzos.
Por fin aparece un chico sonriente, que prueba un micrófono y dice que nos va a preparar para que recibamos a la instructora. Que elijamos un compañero al azar y que nos adjudiquemos una letra, A uno y B el otro. Sonrío a la rubia que tengo a mi derecha pero mira para otro lado, hace pareja con una chica. Allá ellas.
Miro más lejos hasta que veo a otro con cara de cuis asustado, que busca igual que yo. Me mira levantando las cejas en signo de pregunta, asiento, voy al lado suyo y me pregunta si quiero ser B. Le digo:
-Sí, por favor. No quiero empezar yo, así veo un poco como es la cosa… Me interrumpe el micrófono:
-Van a empezar los de la letra B. Pero antes les pido un aplauso para recibir a Sandra, la instructora.
Sube a la tarima una joven delgada y pequeña, camina como en una pasarela. Lleva puesto un género naranja sedoso, que parece que se lo hubiera enroscado por los hombros y las caderas para resaltar sus curvas en los lugares más adecuados. Tiene pelo corto que cae recto a los costados de la cara, dándole un aire de muñeca de porcelana. El cutis también parece de porcelana. Y sus rasgos, de muñeca. Cuando empieza a hablar ya me enamoro. Tiene voz suave, venezolana y gestos blandos. Sandra.
Me distraigo y no sé qué hay que hacer.
Mi compañero dice:
-Que nos digamos el nombre y a qué nos dedicamos en un minuto. Mientras uno habla el otro no interviene.
-Bueno, me llamo Jorge y soy vendedor de Capitalis S.A. en la sucursal de la calle Tucumán –me quedo sin más para decir- qué largo es un minuto…- el cuis me mira con una sonrisa y espera que le diga algo más – ¿qué se supone que tengo que decir? ¿Lo que hago? Bueno, recibo pedidos de las casas de regalos y los preparo para enviarlos…
-Listo. -dice la voz de Sandra- ahora les toca a los A.
No me interesa para nada pero escucho lo que dice el cuis:
-Soy Doménico. Les pongo los calcos a los juegos de vajilla. Tomo cada pieza y ubico el calco en el lugar más visible. Es muy importante que el nombre de nuestra empresa, Capitalis S.A., se vea claramente, porque es el nombre y la imagen de la firma. No me aburro nunca porque cada pieza es diferente. Cuando pasan por mis manos, dejan de ser anónimas para ser una taza Capitalis, un plato, lo mismo…
-Listo –dice otra vez la voz de Sandra- ahora piense cada uno en lo que contestó su compañero y si le confiarían un trabajo.
Con el encanto que arrastra la palabra “trabaho”, me hace perder el hilo otra vez. El candor con el que habla coincide con su imagen. Creo que hago lo que sea por ella. Pide que los B se pongan de pie. Me señala y me pide que cuente lo que dijo mi compañero.
-¿Todo lo que dijo? Dijo tanto…
Todo el mundo se ríe de mí, ahí parado, con los brazos cruzados, en la búsqueda inútil de alguna palabra que haya dicho el cuis, la mente en blanco, y la cara cada vez más roja, hasta mi jefe se ríe.
Sandra me pregunta el nombre:
-Jorge…
Dice que me siente y luego le pide a Doménico que cuente lo que había dicho yo, lo hace bien y agrega:
-Yo le confiaría un trabajo, pero le recomendaría que pusiera más atención.
Se ríen todos otra vez.
Soy un fracaso.
Nos piden que cerremos los ojos y que respiremos lentamente. Inspirar profundo y exhalar muy lento. Parece fácil y luego de hacerlo un rato ya me siento más tranquilo. Ni me avergüenza mucho el papelón que hice. Tal vez me sirva esto.
-Antes del último ejercicio del día les digo algo muy importante –dice la voz venezolana- porque al término de la jornada no podrán hablar. Para concentrarse en vuestro interior no deben decir ni una palabra hasta que yo les diga. Así llegarán a experimentar el silencio sanador.
Nos aconseja tomar mucho líquido, no comer carne ni nada que tenga conservantes, dormir bien y venir en ayunas al día siguiente. Me parece todo muy raro pero si lo dice ella lo voy a cumplir. Dice que al día siguiente nos visitará el Gurú Manuel, nuestro maestro. Cumplo todos los ejercicios. En algunos momentos hago trampa.
Inevitable.
En pareja, esta vez con una chica gruesa y poco agraciada, ya no me importa si soy A o B. Debemos confesarnos algo. Le cuento que me gustan todas las mujeres, que no puedo evitar imaginarlas, desnudas y fantasear cómo serán en la cama; que siento deseos de unirme a todas profundamente, de sentir ese calor, de vibrar y perderme en esa fusión… fusión como en los brazos de mi madre… Mirándola fijo a los ojos, veo unos lagos verdosos rodeados por un bosque de pestañas largas y arqueadas, y empiezo a sentir en la sangre un cosquilleo. Lo trato de evitar pero es más fuerte que yo. Esto me trae tantos problemas, me distraigo, pierdo energía, me olvido todo, pero sólo quiero zambullirme en la mujer…
Lo más increíble es que me doy cuenta de que es eso lo que busco. Alivianar la insoportable soledad. Volver a sentirme protegido. Pero es imposible.
Está sirviéndome esto, al final.
Después de respirar otra vez nos vamos en silencio. Igual no tengo ganas de hablar.
Sólo de llorar.
Se me complica comer sano porque todo lo que hay en mis alacenas es enlatado y en la heladera tengo jamón, salchichas y hamburguesas. Me preparo arroz y me voy a la cama con el plato y una botella de agua.
Odio el agua.
Y los granos de arroz entre las sábanas.
Apago el televisor temprano y me duermo como un niño, pensando en Sandra, es tan pura; sus instrucciones para respirar son tan dulces que parece ser etérea, como sus movimientos.

A la mañana siguiente camino directo al estrado para saludar a Sandra. Quiero darle un abrazo. Siento algo especial por ella, quiero agradecerle lo que estoy aprendiendo. Alguien la llama.
Se va.
Asomo mi cabeza entre los cortinados de pana verde. La veo discutir con alguien que ha de ser el Gurú Manuel. Es alto y delgado, con una maraña de rulos hacia los costados, tiene una sonrisa que parece una mueca macabra. Detecto que habla en portugués.
Pero no llego a comprender lo que dice. A ella sí. La veo darse vuelta, pálida. Su rostro inocente está desencajado. Le dice en un hilo de voz:
-¡No me puedes obligar a abortar!
.-Vamos, toma el agua –dice Manuel en tono paternal, dándole un vaso descartable.
Yo sigo paralizado con la cara entre las cortinas. Sandra viene hacia mí, levanta la vista y me ve, entre sus lágrimas.
Ella me da su vaso, miro el agua temblorosa y…

Me despierto sobresaltado. Tengo que proteger a la instructora.
Llego tarde y ya desde mi lugar oigo la voz suave de Sandra dando instrucciones. Es un ángel. ¿Cómo pude pensar que ella y el Gurú…? Dice que cerremos los ojos y yo sólo veo los suyos. Los ojos de Sandra.
El acento venezolano pasa al brasilero en una voz grave y ronca. Espío y veo una cabeza llena de rulos. La sonrisa parece maliciosa…

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sábado 29 de agosto de 2009

nota en revista Sophia


La nota está en la última revista Sophia, en la página 104, en la sección llamada: Desde Adentro. Salió en forma de testimonio.
Ver la revista Sophia de Septiembre


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martes 28 de julio de 2009

¿qué control tenemos?


Cuando intentamos frenar algo irremediable hacemos el mismo esfuerzo sobrehumano que cuando tratamos de forzar a que suceda algo imposible. Los únicos perjudicados somos nosotros. Vivir controlando todo nos produce una tensión desvastadora. Imposible relajarse. Hay tanto de lo que ocurre que no depende de nosotros en el universo... Incluso en nosotros. Tenemos relativamente bajo control nuestra vigilia. Pero ya el mundo de los sueños no nos pertenece. ¿Podremos aprender a fluir? Dentro de los parámetros elegidos, entregarse y confiar. SER.
La pintura es "Migraña" de Anne Adams.
Este es un post de dos años de antigüedad que edité, pero es esencialmente igual.

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lunes 6 de julio de 2009

el cielo se cae


¡El cielo se cae, nadie se da cuenta!
Están todos sordos.
Ciegos.
La música de los ángeles les canta.
Pero lloran, por nosotros.
¿Quién está sano?
¿Qué es la salud?
Lo lindo, dicen. ¿El video del acto de fin de año del jardín de infantes? Pero que no se vean los nervios de los chicos. ¡Ni hablar si alguno llora!
- Pobrecito… ese es muy sensible – se oye por ahí.
¿No será que ese sí se da cuenta? Llora como los ángeles. Porque lo obligan a actuar. Y a actuar de niño feliz. Como en el cumpleaños, que le dicen que tiene que estar contento. ¿Y si le pesa esa gran actuación que le piden?
La herida que se le produce, más tarde lo va a alejar de sí mismo. Ya no podrá escuchar a su alma. Ya no escuchará a los ángeles porque aprendió a actuar. Pero actuando se alejó de si.
Volvamos a escuchar nuestro llanto, ahí debajo está el amor. Sólo debajo del dolor. Si dejamos de protegernos de ese dolor, la flecha nos va a poder alcanzar.
Y así vivir plenamente. Sólo así.
¿Cómo no se dan cuenta? El cielo se cae.

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jueves 2 de julio de 2009

¿que hacés ante la gripe del virus Orthomyxoviridae?


Si estamos acostumbrados a controlar todo, las noticias de la gripe A nos matan.
Es como una radiografía de nuestra capacidad de entrega. Creo que en las situaciones como esta, que no podemos modificar, se pone a prueba más de lo que creemos. El peligro de contagio me parece que nos muestra mucho de lo poco que confiamos.

Si aceptamos las limitaciones que nos impone esta epidemia estaremos adaptándonos. Y no es resignación o bajar los brazos. Adoptar una posición activa: hacer todo lo que esté a nuestro alcance, como tomar las precauciones que se pueden tomar. Pero no tener la omnipotencia de creer que así nos vamos a "salvar". Hay cosas que no podemos controlar. Es cuestión de confiar, y más allá de lo que nos propongamos, aceptar lo que Dios disponga.

Entonces nos curaremos del miedo que es el verdadero mal.
El dibujo es de mi hijo Pedro.

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lunes 22 de junio de 2009

primera vista


Llegó con un sandwich a medio comer. El número que había copiado de la cartelera de la facultad era el de un portón negro de garage. Un chico de unos quince años le abrió. Tenía los ojos oscuros como la noche, piel olivácea y nariz de águila. Con una voz indefinida y baja le preguntó:
— ¿Quién sos?
— Luna Maison, llamé por el aviso para posar.
— Sí, sí, pasá – la interrumpió — te estábamos esperando.
Paco había preparado los materiales y herramientas para trabajar. Estaba impaciente por empezar esa obra. Luna entró con la mirada hacia abajo atenta a no tropezar con el alto umbral. Al levantar la vista se encontró en un ambiente único, grande, blanco, despojado, limpio y con luz natural, tenue pero pareja. El piso era de suelo cemento. Un hombre con energía concentrada daba pasos circulares con un celular en la oreja gesticulando con la mano derecha. Giró su cabeza distraídamente. En sus rasgos clásicos hubo una mueca imperceptible. Una contracción involuntaria de sus mejillas, con los ojos y el cuerpo inmóviles.
A Luna le pareció un cervatillo que se siente en la mira de un cazador. Una presa acorralada. Por un instante su rostro salió de su máscara. Era el asombro o un susto.
Un recuerdo de sonrisa.
Un presagio de dolor.
Sus ojos volvieron a buscarla. Unos ojos claros lo miraron y se sintió desnudo. Ella le vio el alma y sintió un dolor muy agudo en su corazón. Él se llevó la mano al corazón. Así se quedaron por un instante. Las miradas encontradas. Sus palabras parecieron olvidarse por un momento de dónde salían y no sonaron. Fue un segundo. Pero era mucho más potente que el resto de los segundos.
Era uno. Ese.
El segundo que les cambió la vida hasta el último.
Ella quiso disimular su vergüenza por estar interrumpiendo… Y lo que la turbó verlo. Su masculinidad era dolorosa porque percibió que era un hombre sensible. Varonil. Y tan sutil.
Su porte hidalgo ella lo conocía. No sabía cuándo lo había visto antes. Y el reconoció la fuerza frágil de ella.

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sábado 30 de mayo de 2009

¡gracias josé luis!


Hola, ¿José? Sí. Estoy en Tres Cruces y me subo al taxi, dije. Ok Marina, te espero en la esquina que quedamos. A través de un panel que desafió mi volumen de voz, le indiqué al taxista la dirección. Me sequé la transpiración de la cara. El pronóstico anunciaba un frente frío, pensé y como suele ocurrir, no se cumplió. No aguanto las botas… pero son casi una parte mía, no me imagino sin mis botas… Calles de Montevideo. La misma esencia ecléctica que la argentina.
Colores. Pocitos.
Preparé el dinero. Tomé el Stalevo. El auto se detuvo, vi una cara que parecía un faro, pagué y reconocí esos ojos. Pregnantes. El encuentro no fue una escena de Lo que el viento se llevó ni de Dr. Zhivago sino el cotidiano saludo de dos personas con Parkinson. Sencillo hasta el extremo pero con esa austeridad de exiliados. Donde nada es simple, desde bajar del taxi sin sembrar nada ni chocar torpemente con la puerta, hasta arrancar a caminar.
¿Para dónde es?, pregunté. Por acá. No salía de mi asombro por ver lo pelada que era una de las cabezas más llenas que conozco. Caminamos. Hablamos. Compartimos sanwiches y cerveza, temblores y rigideces, logros y miedos, escritos y pinturas. Caminamos más.
Dos almas jóvenes con movimientos filtrados por el Pk, como de viejitos.
Conocí el taller, olor a acrílicos y óleos, Diego. Ví la exposición y a otro Diego.
La barca de Caronte.
Una uruguaya, guía de un inglés, no sabía explicar la obra. El autor lo hizo pero tuvo que empezar casi desde el Génesis. En inglés nos sacó una foto. Un café. Más charla, ahora entre Hades y la barca. Dificultades compartidas.
Espejos.
Pasamos por un ciber y vuelta a Tres Cruces. Respondí la hora estimada de arribo a mi familia que me esperaba en Punta del Este, lo más lindo de Sudamérica.
Huérfanos.
Un chivito y charla inagotable. Nunca mucho costó poco. Como cada hecho, para los que estamos con Parkinson, es una Odisea. Después de casi dos años de vivir uno de cada lado del río marrón nos conocimos.
El tiempo indicó mi partida inminente en el coche 2.
Luego del saludo subí al ómnibus. Ya no estaba. Se debía haber ido sin mirar atrás.


Así fue como conocí personalmente a José Luis Parodi, autor de la pintura de tapa de El Cuerpo no Calla. A mediados de diciembre del 2008. Es un compatriota del País del Parkinson, pintor talentoso, uruguayo, crítico agudo y amigo.


¡Gracias José!

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viernes 15 de mayo de 2009

charla en INECO


La Lic. Teresa Torralba me invitó a dar mi testimonio en INECO en el marco del Día del Parkinson.


"INECO invita a las personas con enfermedad de Parkinson a participar de talleres de memoria, musicoterapia, kinesiología, terapia ocupacional, entre otros. Al mediodía contaremos con la presencia de una invitada especial, la joven arquitecta Marina Lassen autora del libro “El cuerpo no calla”, una novela autobiográfica que narra las reacciones y sensaciones de la autora ante una situación adversa. Es un testimonio de cómo se vive la enfermedad más allá de los clásicos síntomas motores.La Arq. Lassen compartirá con nosotros su historia.

Es importante crear conciencia de que en la enfermedad de Parkinson intervienen emociones, cambios del ánimo y sensibilidades. Los síntomas no motores son parte integral de la enfermedad. Su mejor reconocimiento ayudará a mejorar los tratamientos y a crear mejores estrategias para convivir con esta enfermedad."


Mostré unas diapositivas que se pueden ver en este link de youtube


Estas son las preguntas que me formuló la neuróloga Anabel Chade:


1 No puedes elegir tener Parkinson o no tenerlo. Pero qué otras cosas puedes elegir hacer?
La forma de ver la realidad.
Adaptarme

2 ¿Cómo manejar el stress diario ya que sabemos que empeora los síntomas del Parkinson?
Planteándome objetivos posibles a mis nuevos tiempos.
No pretendiendo hacer lo mismo que antes o igual que antes.

3 ¿Cómo elegir el camino del optimismo?
Diria realismo

4 ¿Cómo impedir que el cómo te ves domine tus acciones?
Siendo yo misma.
Aceptándome.

5 ¿Qué puedes hacer para que la enfermedad no te defina? Tu identidad va más allá de esta enfermedad?
Cuando me di cuenta de que mi esencia es la misma dejé de verme como una enfermedad para pasar a ser una persona con Parkinson.

6 ¿Qué importancia tiene el apoyo de la familia?
Fundamental.
La familia, amigos y terapeutas son mi espejo.

7 ¿Cuáles son las emociones que asocias a la enfermedad?
Las mismas que hacen temblar y poner rígida a cualquier persona:
Miedo – al rechazo, al fracaso, al futuro
Ansiedad –Vergüenza – Ira - Depresión
Frio: falta de amor
Analgesia emocional. Reprimir las emociones como el dolor me da origen a la rigidez muscular. Liberarlas, en un principio me exacerba los síntomas pero luego llega la relajación, fluidez.

8 ¿Cómo aceptas el día a día?
Vivir el presente
Respirar.

9 ¿Qué tiene de positivo tener la enfermedad de Parkinson?
Cambié la forma de ver las cosas. Aprecié lo que es importante.

10 ¿Cambió tu escala de valores a partir del diagnóstico?
Al perder la salud, la aprecié y noté que no se puede conseguir con dinero. Entonces la salud física y mental pasó a ser lo más importante. Y el dinero, lo menos.

11 La enfermedad te ha quitado varias cosas. Es posible que te haya dado otras que no tenías?
Despertó mi conciencia. Abrió mi sensibilidad, que la tenía negada.

12 De no tener esta enfermedad hubieras elegido determinados caminos que ahora elijes?
Tal vez pero en mas tiempo

13 ¿El Parkinson puede hacernos descubrir que tenemos algún tipo de talento o habilidad?
En mi caso descubrí que podía escribir.

14 ¿Puede la enfermedad hacerte mejor persona?
La esencia no cambia.


A continuación leí algo que dice la escritora española Mar Cantero para subrayar lo bien que me hace escribir:

“La escritura es mucho más que arte, pues a través de ella los que escribimos nos conectamos con nuestro subconsciente para escucharle, comprenderle y al mismo tiempo, hacernos entender, que esa unión mente-corazón es sin duda, la gran puerta hacia la felicidad interior.”
Por Mar Cantero Sánchez


Luego leí el cuento: Elástico del tiempo


Y esta poesía:

LOS HUESOS DE MI MEMORIA

Cara escrita en la luna,
entre peces de plata clavados.
En la carne de la noche,
mil heridas formaban una.

El horizonte urgente,
quiebra sin sangre la paleta.
El alba desnuda viste de seda,
Nítida. Diferente.

Asomo a la boca de la cueva
y veo a la noche agazaparse.
Con la acostumbrada cadencia
irrumpe una luz nueva.

El barro de las palabras modela,
encuentra, esculpe recuerdos.
Escribe,
respira, muere, renace, vuela.


Abre el alma de la historia.
El cincel despierta
como el amanecer
los huesos de mi memoria.



Pero quiero contar algunos entretelones. Me atrasé por una sumatoria de eventos desafortunados. Entre los que se pueden hacer públicos: nos desencontramos con Silvia, mi amiga de fierro que me acompañó.

Cuando llegué era tarde, ya estaba todo el mundo sentado y esperando.
No lograban que mi lap top emitiera al cañon de video. Sin las diapositivas, no tenia como decir nada...
Cuando estaban por abrir el archivo.... blanco o casi verde, me miró el chico con los ojos desorbitados y me preguntó: Puede ser que esto se apague en 5 min? hay un cartel que dice eso, y pide una contraseña...
Casi me desmayo, pero en serio. ¡Sí!, tengo un bloqueo en la computadora portátil... ¡Y me habia olvidado!
La contraseña la tenía mi marido que estaba en el medio del rio sin teléfono celular.
Y yo frente a un auditorio expectante, y ¡con la computadora que se apagaba!
Pensé, tiene que haber una solución. No traía copia en un pen drive y no hicieron a tiempo de copiar las fotos... se apagó...
De pronto pense: si entro a mi casilla de hotmail desde otra PC, bajo el archivo de fotos que envié a alguien... Eso hice, y lo pasamos en una notebook prestada. Me presentaron y la gente aplaudió encantada… ¡de que por fin iba a empezar!

De tan abatatada que estaba no expliqué mi retraso. ¿Qué iba a decir?

Yo no conocia ese teclado y la versión de presentación que rescaté avanzaba sola, asi que me pasé retrocediendo las diapositivas permanentemente... porque se adelantaban como un caballo desbocado.

Pero igual estuvieron muy agradecidos... qué papelooooon


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domingo 3 de mayo de 2009

mono




Me agarré fuerte de la mano de mi tía Ana que se agachó y me alzó para que pudiera ver. Papá empujaba un carrito con una valija grande y un bolso. Mamá me había dado un beso rápido. Yo no quería que se diera cuenta de que tenía ganas de llorar, entonces la abracé tan fuerte que dijo: hay Ale, me duele… ¡volvemos en dos semanas!
Mis padres se fueron a Europa. Muy lejos. Los chicos se quedan con los tíos Ana y Juan, dijeron. Yo no quería que se fueran. Pero no importa, tengo que ir por trabajo, dijo papá y esta vez mamá me acompaña. Yo sabía que cuando los papás dicen cosas así no hay nada que hacer. Juan les dio la mano a Juana y Rafael, mis hermanos. Vamos, dijo el tío Juan. Rafa protestó: ¡yo quiero ver despegar el avión! Pero no se va a ver nada… contestó el tío. Claro, pensé y creo que Juana también, los tíos son buenísimos pero como no tienen hijos no saben bien que nos gusta a los chicos.
Me quedé dormido en el auto abrazado a Lolo, mi mono. Tenía el pelo negro muy suavecito, y los ojos miraban la banana que sostenía con las dos manitos. La miraba con muchas ganas de comerla, pero nunca la comía, se quedaba con las ganas.
¿Qué les parece si vamos al zoológico? Preguntó mi tía. ¡Sí! Contestó Juana saltando en el lugar. Rafa no contestó, tenía los bordes de la boca apuntando para abajo, como casi siempre. Y yo dije que no. ¿Por qué no, Ale? ¿No te gustan los animales? Iba a contestar pero la mandona de mi hermana, dijo: si nunca fue al zoológico, cómo va a saber si le gusta o no? Aparte a Lolo lo quiere mucho así que al menos los monos le gustan.
Partimos raudamente.
Venía mi mono también.
Suerte que se me ocurrió decirle de traer a Lolo… dijo mi tío. Este chiquito se ve que extraña mucho…
Estacionamos y tuvimos que caminar un montón. Estaba cansado de caminar antes de entrar. Menos mal que traje a Lolo, pensé. Así no se quedaba solo en la casa de mis tíos. Yo no me separaba ni para dormir de él. Me lo había regalado Papá Noel la última Navidad.
Mis tíos nos mostraron un león. Yo vi las caras de mis hermanos fascinados. Pero no lo veía… Ahí, ¿ves acostado en esa piedra grande, arriba de la barranca? Me señaló Juan, pero yo no lo veía. ¿Cómo hacen para ver? Yo sólo veo piedras, pastos, árboles…
Ningún león.
Cruzamos por un puentecito de madera, eso me gustó. Pero tampoco vi los peces que me señalaban, ¡ahí! ¿Ves?
No.
Bueno, vamos a ver a los monos Ale, esos sí que los vas a ver bien. Son gorilas, vas a ver que son iguales a tu Lolo. Nos paramos delante de la jaula enorme y vi como un mono mucho más grande que Lolo se colgó de un travesaño con una mano y saltó justo adelante mío. No me miraba a mí. Miraba a mi mono. Mostrale al mono tu muñeco Ale, dijo el tío Juan. Yo lo acerqué a la reja tímidamente. Pero los ojos del mono se pusieron feos. Estiró el brazo largo. Agarró a Lolo tan rápido que no me di cuenta. Yo sentí cómo le costó pasar entre las rejas y grité con todas mis fuerzas: ¡no, mono malo! ¡Es mío, me lo trajo Papá Noel!
Mientras tanto vi cómo apareció otro mono y le tironeó la banana. Es de plástico! Gritó la tía, pero apareció un mono más que se peleaba con los otros dos por agarrar a Lolo. Yo lloraba a mares. ¡Lolo, deciles que querés volver conmigo…! Un brazo de mi mono cayó al piso con la banana agarrada. El mono más grande de un salto la agarró. Olió la banana y le trató de clavar los dientes. Entre los gritos de los monos se oyó el gemido del más grande, que dejó la banana con el brazo en el piso y se fue a sentar más lejos.
Estaba desconsolado.
Tres monos seguían descuartizando a mi querido Lolo.
Mis hermanos lloraban agarrados de mi tía Ana, yo lloraba en brazos de la tía. Ella también lloraba. Y el tío había logrado pedirle al cuidador que entrara a buscar a Lolo. Para ese entonces, los gorilas ya lo habían abandonado, no tenía los ojos, le faltaba un brazo y un montón de pelos. El cuidador lo tomó del suelo y me lo acercó. Lo tomé y empecé a llorar más fuerte todavía. ¡Este no es Lolo! ¡Yo quiero a mi Lolo!
Mi tía tomó las partes que rescataron y me dijo que lo iba a arreglar en casa. Pero por más esmero que puso, quedó con un montón de agujeros y puntadas. Y los ojos que le bordó en lugar de los de vidrio que miraban la banana, eran muy grandes y tampoco tenían banana que mirar. Yo no lo quise más. Ese no era Lolo.
¿Cómo les iba a contar a mamá y papá lo que me había pasado? ¿Se darían cuenta de lo triste que era esto para mí?
Juan, que es el hermano de mamá, la llamó y le contó. Bueno, dijo ella, le traemos otro bicho. Pero se olvidó que nos había enviado una postal electrónica ¡con la foto de un mono! La abrió Juan. Trató de sacarla rápido de la pantalla pero la vi. Y me puse a llorar otra vez. Lloré sin parar hasta que llegaron mis padres con un mono marrón, el doble de tamaño del otro, de pelo lisito y brillante. Es lindo, dije pero no es Lolo.

Marina Lassen,
Abril del 2009

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sábado 2 de mayo de 2009

flechado


El hombre llegó caminando solo hasta la puerta de vidrio. Se miró en el reflejo y se irguió, porque venía un poco inclinado hacia adelante. Su cara parecía una foto. Podía mover el cuerpo, pero su rostro era un bloque.
Se abrieron las puertas. Una ráfaga cálida lo despeinó, aunque no le cambió la foto de la cara. Con la camisa entreabierta se acercó al mostrador. La eficiencia de la señorita de pelo negro atado tirante le indicó sacar un número. Ella no notó la flecha que él tenía clavada en el pecho. Era fina y se asomaba unos quince centímetros a través de su camisa entreabierta. No sangraba. Esa flecha estaba incrustada entre el pelo que cubría unos músculos trabajados. Una señora le ofreció el asiento. No gracias, dijo el hombre. Estoy bien.
Poco a poco, de boca en boca, de pasillo en pasillo, de enfermera a médico y de médico a paciente, corrió la noticia. Junto a un sentimiento de solidaridad con el flechado. Pobre tipo, decían todos. ¿Qué le pasó?, preguntó el médico cuando lo tuvo sentado adelante. No sé… no puedo sacarme esta flecha. Hombre, yo le pregunto cómo fue que le pasó esto. Le dije que no sé. Me desperté en mitad de la noche con una sensación rara. Agradable a pesar del dolor. Una sensación que seguramente buscaría si no la tuviera más. Prendí la luz, porque sentí el flechazo. Y entonces vi la flecha, la tenía clavada en el pecho y asombrosamente estaba vivo. Quise sacármela, pero se me patinaba entre las manos. Clavada muy profundo entre dos costillas. La agarré más fuerte, volví a tirar y sentí tal dolor que decidí dejarla así. ¿Pero sabe? Es muy incómodo. Ni bien alguien roza mi flecha, me duele tanto doctor… Bueno, vamos a hacerle unos estudios para ver cómo está su corazón. Pero no doctor, a ese corazón, el músculo, lo tengo lo más bien. ¿Me podría sacar esta flecha? No, por ahora no, y el doctor escribía recetas ilegibles.
El hombre seguía hablando, era muy importante para él dormir boca abajo y así ya no podía hacerlo, además desearía no tener esa flecha, no podía olvidarla ni un minuto. Empezaron a teñírsele las mejillas. El médico nunca había visto algo así. El flechado lo escuchaba hablar de disección, bisturí, cauterización… y el hombre meneaba la cabeza marcada por dos grandes ojos verdes. Mentolados. Pensaba que los médicos eran quienes menos sabían de estas cosas.

En la sala de espera para el ecocardiograma una señora con acento duro y extranjero le dijo que tenía que apretar los dientes y tirar con todas sus fuerzas. Ah no, ni pienso. Era un desfile, todos querían ver al hombre de la flecha. También le preguntaban su nombre, edad, de dónde era. Francisco, cuarenta y dos años. Pero sentía que no le hablaban a él. Lo estaban observando como a un caso raro. Hasta que una enfermera robusta y canosa se le acercó con aire de socorrista y lo miró de otra manera, como resignada. Él le prestó especial atención. Yo sé que no puede sacarse esa flecha, le dijo de forma brutal. Pero luego, con una ternura insospechada, agregó: mire señor, como no se la puede sacar, lo mejor va a ser cortarla. Pidió al resto de la gente que le dieran aire, que se alejaran, y se sentó al lado de Francisco. Él se hubiera levantado y escapado si no fuera por el pálpito que tenía, el pálpito de que aquella enfermera sabía lo que decía. Intuía que era la primera persona que entendía lo que le pasaba. Míreme un poco, Francisco, y dígame, ¿usted quiere ser libre, no? Mientras él asentía con la cabeza, ella tomó unas tijeras y, sin que Francisco lo notara, cortó al ras la parte expuesta de la flecha. Gracias, dijo Francisco, no tiene idea de la ayuda que me ha dado… La enfermera sonrió y le dijo: esa droga se va adueñando de los que la necesitan. Y agregó: las flechas que no pueden sacarse se dejan clavadas, duele más extirparlas que dejarlas dentro. De a poco, a Francisco se le fue pasando la cara de asombro. Y la enfermera continuó: ya verá, con el tiempo se le irá formando una dureza alrededor de la herida y no le dolerá más.
Era cierto lo que había dicho esa mujer. La dureza se formó y terminó expulsando la flecha que había sido parte de su cuerpo. Por fin soy libre… suspiró Francisco. Y murió.

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viernes 1 de mayo de 2009

vikingo


Recibí un 1er. premio en un concurso con este cuento. Estoy feliz. El jurado estaba compuesto por 3 miembros de la Academia de Letras.


Llegó justo para mi cumpleaños, el 14 de septiembre.

Besos y saludos.



Vikingo
Salió a navegar solo. Levantó el mentón y ladeó ligeramente la cabeza para oír el viento. Izó el foque y volvió al timón con movimientos felinos. Para él los meneos del barco eran más naturales que la quietud de la tierra firme. El vikingo, como le decían, tenía muy desarrollado el sentido del oído. Por dentro era todo sonidos, música, trinos, voces del pasado y hasta su propia voz, que generalmente oía solamente él; y por fuera era un auténtico capitán de ultramar, de espalda recta, imperturbable, capaz de enfrentar hasta el más feroz de los vendavales. Deseaba tener esa habilidad con sus tormentas internas…
Ese sábado volvió al puerto más temprano que de costumbre. Acercó el barco a la amarra con toda suavidad. Ya había arriado las velas y las había sujetado rápidamente. Con la última estropada, tomó la boya y amarró sin ningún inconveniente. Cuando terminó de atar el último cabo de la carpa ya llegaba el botero a buscarlo. Todo era previsible para él en el medio acuático. Se sentó en la popa del bote y saludó al botero con una sonrisa que hizo que su bigote se levantara apenas. Sus ojos celestes como el cielo limpio de esa tarde, bajo la visera de su gorra de capitán, quedaron fijos en los remolinos marrones que formaban los remos. Pensó que su vida y la de su mujer se habían transformado, con los años, en esos dos remolinos, uno a cada lado del bote. De tanto usar el silencio como arma, ni se rozaban. Dejó una propina al botero y subió la escalera.
Al pisar la calle percibió que no reaccionaba bajo su peso. Miró una vez más el horizonte, que tanta paz le daba. Era lo mismo ese barro color de león que las piedras de los fiordos. El agua era para él la misma en cualquier color y estado. Se sentía él mismo cuando estaba en contacto con el agua, calmaba su sed.
Caminó sin demora hacia su casa. Cuando cruzó la avenida ya estaba aturdido. Esa sensibilidad suya a los sonidos lo ensordecía. ¡Había tanto ruido! Los motores de los autos se confundían con los vuelos rasantes de los bombarderos que oyó en su infancia. Las voces se le mezclaban con los recuerdos guardados en palabras. Querría tener tapones en los oídos para no enloquecer y protegerse en su caparazón.
Cuando abrió la reja colonial y pisó el tablero de ajedrez del zaguán, sintió un leve mareo de tierra. Entró a su casa y percibió el aire de fiesta que se gestaba. Reconoció que en algo coincidían los remolinos de él y su mujer, en el gusto por recibir amigos en su casa. Vació una copita de vodka de un trago, para calmar sus ruidos internos y el mareo de tierra. Fue a la cocina. Dolores revolvía en una cacerola enorme algo que olía delicioso, algo que olía a amor para convidar. El vikingo le dijo:
- Hola.
Ella se dio vuelta y le sonrió con dulzura, sorprendida porque al fin su marido volvía temprano. Se lo había pedido tantas veces en vano... Él miró la cara iluminada de su mujer, el delantal desteñido y el pañuelo en la cabeza, y le dedicó una sonrisa de bigote. No se animó a decir lo que su corazón acababa de gritarle: “¡Qué linda estás! Igual que el día en que nos conocimos…”
Ella tampoco dijo nada. En silencio, el vikingo tomó la bandeja y la llevó sobre la palma de la mano como si fuera el maitre de un restaurant de lujo. En el comedor, colocó las copas de champagne sobre la bandeja, preparadas para el brindis. Él sabía que debía poner la mesa. Ambos daban por sentado lo que esperaban que hiciera el otro. Era un acuerdo tácito aprendido a fuerza de años de convivencia, y de las guerras de silencio interrumpidas por feroces reclamos o terminadas en inevitables explosiones. Pero a él le gustaba la tarea que le tocaba esta vez, así es que se dedicó a ella con entusiasmo juvenil.
Dolores probó el goulash y entornó los párpados. Dejó el delantal y el pañuelo sobre la mesada y tapó la olla.
- En seguida vuelvo – le dijo a su marido, que estiraba el mantel de lino blanco sobre la mesa del comedor.
La mesa lucía más paqueta que nunca. Sonaba música alegre y las luces encendidas creaban una atmósfera festiva. Ya estaban por llegar los invitados, pero Dolores no aparecía.
- ¿Qué hará encerrada en el baño? – se preguntó el vikingo.
Sonó el timbre y él abrió. Eran los primeros cuatro, que llegaban muy puntuales. Cuando se sentaron sonó de nuevo el timbre, y esta vez fue Dolores la que corrió hasta la puerta envuelta en un halo de misterio. Cuando abrió, recibió una alabanza de parte del marido de su amiga de la infancia. Estrenaba un vestido negro ceñido a la cintura y se había pintado los labios. Hacía años que no se la veía así. El vikingo se acercó y le dedicó una sonrisa mostrando todos los dientes. Pero en seguida volvió a la expresión insondable de siempre. Lo dominaba una obsesión silenciosa, olfateaba algo extraño. Temía desesperadamente perder a su mujer. Los celos reproducían voces dentro de su cabeza, y la melodía que habían bailado cuando se conocieron, que resonaba en sus oídos desde horas antes, ya lo ensordecía.
Todos hablaban a la vez. Las palabras parecían un pastel en capas, una sobre otra, en varios idiomas. Pero él, aun estando lejos, era capaz de focalizar la atención en un sonido en particular y descartar el resto. Entonces oyó que alguien susurraba unas palabras al oído a su mujer.

Cuando todos se fueron el vikingo permaneció en silencio, esquivo como siempre. Tragándose la angustia, se puso la camisa de dormir que ella había planchado esa mañana, y se acostó, dándole la espalda a su esposa. Dolores lloraba en silencio. Creyó que su marido seguía enamorado de ella. Lo había escuchado tararear la melodía que habían bailado cuando se conocieron, esa misma tarde, mientras preparaba la bandeja con las copas de champagne. Eso la impulsó a correr a comprarse el vestido y pintarse como a él le gustaba. Pensó que lo notaría, porque su amiga, durante la comida, le había dicho en tono cómplice:
- Se nota que estás enamorada, por el brillo de tus ojos.

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jueves 30 de abril de 2009

final abierto


El tiempo arrasa, apaga, consume,

corroe, cambia, perdona.

El tiempo sabe, olvida, calma.

El ímprobo esfuerzo por retenerlo,

mata, enfrenta, distancia, descubre y pierde.

El tiempo une los extremos.

Camina por el borde del pasado que es el borde del futuro.

Traza una delgada línea sin huellas.

La línea es hoy. Hoy no hay huellas.

¿Qué pasa? La pasión pasa, la música queda.

Queda tu mirada,

quedan el sabor, el color y el olor.

¿El dolor? Pasa ¿Y el amor?

Equilibristas en la línea, entre el amor y la indiferencia,

entre la sabiduría y la mentira, entre la esencia y la máscara.

Recorre los extremos y deja las huellas,

para buscar la línea, para volver a perderla,

para buscarla otra vez.

Final abierto.

Todo llega, y pasa.


Marina Lassen

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miércoles 29 de abril de 2009

la balsa


Su balsa derivaba. Habían pasado tres días desde el naufragio. Todo era sol. Su piel se había resecado. Ya no había más que tiempo en el aire. Sólo sentía las horas pasar y el viento correr. Ël flotaba y no pensaba más en nada. La balsa tenía provisiones para una semana. Ya vendría alguien a rescatarlo. Pero se preguntaba por qué no se había cruzado con ningún barco. El mar era un espejo infinito. No había más viento pero el agua jamás estaba quieta. Aunque la viera nítida, abajo estaba en movimiento. Luego de flotar solo durante tres días se sentía parte del agua. Es extraño, pensó, creí que la pasión estaba en las tormentas. Que las emociones tenían una fuerza descontrolada. Sin embargo esos tres días, luego del incendio de su barco, y la desaparición de Jack, su compañero de travesía, todo estaba cada vez más estático. También su alma. Se abría en cada amanecer, olía a sol al mediodía, estallaba en cada atardecer y se multiplicaba con las estrellas. Pero con una explosión silenciosa, como la de la revelación del destino. Se había abierto. Se había despojado de las ataduras. No podía perder nada más. Sólo él quedaba. Sabía que moriría. Si eso debía ocurrir pronto o dentro de un tiempo era lo mismo. Lo único que lo mantenía ocupado era mirar la superficie del agua. Pensaba que no tenía fin. Pero debía haber orillas en alguna parte. Esa frontera, donde el mar deja de ser mar y la tierra todavía no es tierra. Ahí quería llegar. Ese lugar donde ya podría hacer pie. Eso fue lo que sintió en ese momento. Que el mar guardaba un secreto. Antes estaba frente al mar. Luego se animó a entrar en él. Ahora ya estaba listo para volver.
Marina Lassen, julio 2008.

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martes 28 de abril de 2009

elástico del tiempo


El tiempo parecía un elástico esa noche. Se estiraba y no dejaba aparecer al sol.
En Pinamar, después de bailar unos diez chicos fuimos a la playa. Tenía dieciséis años. Algunos en pareja, de la mano. Hablaban. Cantaban. Tarareé algo yo también. Nunca me voy a olvidar lo helada que estaba la arena. Me acosté formándome una montañita bajo la cabeza a modo de almohada gélida. Me detuve a oír el rumor del océano celeste. Estaba micro-perforado y muy oscuro. Faltaba mucho para que se fuera destiñendo. No había luna. No tenía apuro ni sueño. Quería ver salir el sol sobre el mar. Nunca lo había visto. Pero lo esperaba con ansiedad por su calor. No me quedé dormida ni dije nada. Escuchaba risas de lejos. Tenía esa esponja que queda en los oídos después de estar adentro de la música fuerte. Los músculos pesados. El cuerpo entregado, apoyado en toda su superficie.
En medio de la oscuridad se oyó la risa frenética de un motor. Un Mehari trazó unas líneas hasta casi la orilla. El motor se apagó junto con las rayas. Las voces resbaladizas de dos chicos se probaron mutuamente:
- ¿A que no te metés al mar desnudo?
- ¿Que no?
- ¡Están locos! –una vocecita de niña trataba de frenarlos.
Pero en seguida se oyó una carrera frenética que sacudió el suelo, risas ahogadas y gritos.
- Están borrachos- sancionó alguien de mi grupo.
Pero ya se oían los quiebres de los pasos rompiendo el agua. Se podían distinguir dos siluetas. Una dio un latigazo con su pelo largo chorreando sal. Y gritó de frío y placer. Yo me había dado vuelta y tenía los codos hundidos en la arena. El mentón en mis manos. Nadie vio la lágrima que se me escapó.
Salieron tan rápido como habían entrado, y sin parar de reír y gritar montaron al móvil que riendo como ellos se alejó.
Una tímida luminosidad, por fin, fue borrando las estrellas y dejando ver las caras de dormidos y despeinados. Yo tenía la mirada clavada en el horizonte, y lo barría de norte a sur. Ni una nube. Ni un barco. No había ni faro ni luces.
Pasó una eternidad desde que el cielo se inflamó hasta que el incendiario asomó. Pestañé y el sol ya se había despegado del mar. Esa bola de fuego ya era el sol. Ya se veían las sombrillas, las huellas y ya empezaban a moverse los eternos inquietos. Estaba helada. Quería estar en mi cama con urgencia.
Me tapé hasta la nariz con la manta pesada. Cerré los ojos. Ahí había quedado el fuego que salía del agua. Hasta me pareció que sacudía la cabeza para despejarse la cara, como aquel que había visto en la playa. Pero qué rápido había pasado el momento tan esperado!
- Ojalá que me dejen dormir hasta tarde…- pensé.
La hora, el pasado y el futuro me tenían sin cuidado en esa época. Ahora, ni bien suena el despertador, recuerdo a quien avanza dentro de mí devorándose mi tiempo. Con la mano derecha, busco el maldito aparato. Ya me cuesta moverla a ésta también. En la desesperación por callarlo no logro correr la perilla. Luego de la primera batalla ganada, me siento al borde de la cama. Antes de tomar ningún remedio los pies parecen estar apoyándose en esa esponja que hacía de sordina después de bailar. Mi equilibrio parece perdido así que una vez parada, doy pequeños pasos. Me tomo de la cómoda, luego la pared, voy como remando hasta el baño. Ahí trago mi primera dosis de tiempo del día. Tiempo artificial. El de la máscara.
Siempre odié los remedios. Prefería soportar lo que sea antes de envenenarme. Pero ahora que lo comprobé, no tomándolos estoy tanto peor que los trago con resignación. Es preferible recibir esos préstamos. Plazos de relativa normalidad. El presente se recorta en porciones de cuatro horas, que se superponen con el tiempo universal. Es como un gong que luego de sonar queda en una vibración casi imperceptible, en la que todos me dicen:
-No se te nota nada!
Pero no hay nada más implacable que el plazo de acción de un remedio cuando uno está invadido por un mal que no sueña con irse. Se termina el efecto y se vuelve a caer en sus manos. Para recordarme. Así, cada cuatro horas todo el día y todos los días que no puedo escapar nunca. Nunca.
Salgo del baño y al poner un pie en el living, noto que todo ha sido pintado de carmesí. Hay un disco difuso detrás de un humo parejo. Está borrando lo que recién era futuro. Por eso no tengo tiempo que perder. El sol, igual que el mal, no se va a detener.

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domingo 26 de abril de 2009

muelle de piedra


Las rugosidades del lago eran ínfimas. Viajaban en forma de semicírculos por la superficie, como expandiendo noticias que en algunas partes se diluían y en otras se amplificaban. Algunas llegaban a romper en las piedras de la costa. Provocaban un ronroneo acuático con ritmo suave.
El griterío de las aves se debió a que les invadí el territorio. No pude evitar sentirme una intrusa en ese cuadro.
Me senté, apoyándome despacio en el banco de madera labrada a mano del mirador. Observé la grandilocuencia natural de lo que quedó ante mi vista. Sentí mi pequeñez. Ante la perfección de la Naturaleza me pareció que no podía cortar ni un pastito. Todo, cada pluma de ave, cada espina de pino, cada piedra, así como es forma parte de esa perfección. Así sea una piedra partida o una rama seca, igual es perfecta porque forma parte del todo que es perfecto. Hasta las “chaquetas amarillas” (abejas carnívoras). Estas nos recuerdan el daño. El ser humano, cuando no respeta al otro, puede ser muy dañino.
En el Muelle de Piedra, de lava volcánica de millones de años, el canto de la naturaleza se oía nítido ya que no corría una gota de viento.
Percibí en forma simultánea el tiempo que pasó y el que vendrá.
Lo que se oía y respiraba era el presente que condensaba todo.
La vida.
El equilibrio.
En la Naturaleza hay un equilibrio y no es estático. Todo está en un ciclo perpetuo y en una lucha continua. Cada ser honra su vida simplemente existiendo. Hace lo que debe hacer, tiene una misión clara y la cumple sin cuestionamientos. Sabe que vivir no es algo pasivo. Tampoco está montado en ilusiones imposibles. Cada ser obedece a su escencia. Para esto debe luchar, competir, defenderse y resistir las dificultades. Mientras le toque hacerlo, lo hará.
Con humildad. Vivirá.
Sin la omnipotencia de querer torcer el destino.
¿Podré aprender de esta sabiduría natural?

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sábado 25 de abril de 2009

Impulso creador



Por las estrechas callecitas resonaban los pasos de Ernesto, que esa tarde gris plomo observaba la aldea como si no fuera allí donde había crecido. Los adoquines descansaban lisos sobre la tierra de los siglos y las pequeñas ventanas apenas dejaban entrever algo de luz temblorosa. Del corazón de las casas se escapaban vahos de comidas caseras mezclados con ecos de voces familiares.
Ernesto vivía en silencio y pintaba. No les encontraba sentido a las fiestas que se celebraban ahí pero tampoco soportaba su soledad... Se encerraba en su atelier a pintar y en sus pinceladas sentía alivio.
Pintaba sólo retratos que nacían de su imaginación. Eran como mapas de almas sufrientes de hombres y mujeres jóvenes, con rasgos delicados y suaves. A veces creía que Satán era el que guiaba su mano; los vecinos afirmaban eso, ya que no pintaba imágenes religiosas sino más bien realistas, cosa muy avanzada para la Edad Media.
El artista era ermitaño porque la gente se apartaba de los que no seguían al rebaño guiado por Dios. Como si fueran jueces, los piadosos se cruzaban comentarios de desaprobación y no les dirigían la palabra a los que eran considerados brujas o demonios.
Ernesto oyó música sacra. Un cántico gregoriano que rebotaba en las paredes de la solemne catedral a la que entró después de mucho tiempo de ausencia. Esas voces y las altísimas bóvedas ojivales; esas paredes desnudas cortadas por angostos vitrales de mil colores, por un momento lo elevaron. Un grupo de mujeres lo miró con desconfianza, persignándose. Antes de salir Ernesto se despidió de la Virgen, prendiéndole un cirio.
Debía dejar ese lugar definitivamente, quería irse lejos de ahí.
Ya por el camino polvoriento en medio de los ondulados sembradíos y pasturas se serenó un poco. Vio en el cielo nublado un gigantesco cigarro negro. Sus ropas fueron embestidas por el vendaval y empezaron a caer pesadas gotas que despertaron el olor de la tierra. Le dolieron esas gotas como si lo estuvieran apedreando. Abrumado, sentía que sus pies descalzos se hundían en una masa espesa, que se ensañaba con su voluntad. Se le hacía tan difícil dar cada paso que creía estar siempre en el mismo lugar, hasta que resbaló y cayó de rodillas. Tomando puñados de barro que se le escurrían entre sus dedos, levantó los brazos al cielo y sintió el impulso de crear con ese barro al ser que había pintado el día anterior, perfecto y de ojos almendrados que lo habían asombrado con su belleza. Quería que fuese de carne y hueso. Un relámpago pareció reírse de él.
A la mañana siguiente, un juglar que se acercaba a la aldea, con las agujas de la Catedral gótica a la vista, encontró un cuerpo fulminado, pero de rodillas y con los puños cerrados.

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jueves 23 de abril de 2009

n n


El galpón había estado cerrado por mucho tiempo, el techo tenía filtraciones, los hongos habían pintado en las paredes unas manchas que parecían pinturas expresionistas. El piso tenía humedad emergente, intenso olor a tierra, que rozaba el límite de la putrefacción.
Era lunes a la mañana temprano, empezaba la obra. No era fácil para ninguno, vencer la pereza del comienzo de la semana. Parado delante del cerco de obra, el arquitecto les dijo al capataz y a los tres albañiles que habían llegado que no era una demolición total. Había que conservar la carcasa. Hizo especial hincapié en rescatar todo lo que podía servir, que sacaran todo y lo fueran clasificando.
Los albañiles entraron a la penumbra extraña un poco sugestionados. Cuando se habituaron a la poca luz que había ahí adentro, vieron que en el fondo había una casilla de chapa, tablones y listones de madera. Inicialmente hallaron objetos rotos y materiales deteriorados.
Nada útil.

Al mediodía, Pepe el capataz, vio que uno de los muchachos gesticulaba sacudiendo el brazo. Le avisaba que se acercaba el auto del arquitecto. Pepe salió, con los ojos más achinados que nunca, como si viniera de una cueva, y no pudiera acostumbrarse a la luz natural. Otros tres pares de ojos oscuros miraban atentos la escena desde el portón de chapa del cerco de obra. Por la ventanilla abierta y con el motor en marcha, Flavio el arquitecto dijo:
-Hola Pepe.
Percibió, por la postura erguida de Pepe, con los brazos a los lados del cuerpo y los ojos que no dejaban de observar sus movimientos, que quería decirle algo.
-¿Qué necesitás? -detuvo el motor y abrió la puerta. Vio a los otros albañiles asomados entre las chapas, detrás del cartel.
Recordó la vez que llegó a una obra y lo detuvieron en la puerta como esta vez. Cacho se había cortado, le sangraba el tobillo, ahí mismo Flavio lo alzó y lo sentó en su auto para llevarlo de inmediato al hospital.
- ¿Qué pasó? –dijo.
-Estamos clasificando, patrón, como usted dijo pero…
Flavio desplegó sus piernas largas del vehículo y se incorporó. Pepe miraba a Flavio hacia arriba. (Alguno de los dos estaba fuera de escala).
Era evidente que había pasado algo serio.
-Dale Pepe, ¿qué me querés decir?
-¿Con el finado qué hacemos? –preguntó sin más rodeos. No se le ocurrió de qué otra manera hacerlo.
-¿Qué? ¿De qué estás hablando? –levantó la vista y vio que no faltaba ninguno de la cuadrilla.
-No, no se preocupe, nosotros estamos bien. Pero encontramos las cenizas de alguien…
-¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cómo sabés que es lo que pensás? –giró su extenso cuerpo hacia el portón, la parte alta de su espalda estaba curvada hacia delante, como si tratara de encogerse un poco para traer la cabeza más abajo- ¿A ver? Mostrame.
De inmediato entraron a la penumbra revuelta. Flavio lo seguía a Pepe que casi corría. El único haz de luz del galpón se colaba por una chapa que no estaba. Miles de partículas de polvillo que pendían del aire viciado bailaron en círculos, tras el paso de ellos.
Llegaron a una tarima de madera y Pepe señaló una bolsa de supermercado “Rodri”, que había cerrado hacía más de veinte años. Estaba apoyada sobre la tarima, que estaba recién barrida.
-Ahí está –dijo en tono tímido- estaba colgada de este clavo, ¿ve? –señaló un clavo de acero largo, con cabeza chata, en la medianera.
Flavio abrió la bolsa, tomó la caja metálica de color aluminio, con una cruz en relieve. El peso frío lo estremeció. A pesar de su curiosidad el temor o el respeto le impidieron abrir la tapa. Observó todas las caras de la caja y no encontró ni una inscripción. Ni nombre ni fecha.
No era el único impresionado.
Atónito.
Se formó un semicírculo alrededor de la urna funeraria.
Siete almas rodeaban un objeto que les daba miedo. La muerte, sin duda, era una visita indeseable.
Silencio sepulcral.
Sagrado.
Gélido y oscuro.
-¿Qué hago con esto?
Tomó el celular y llamó a su socia.
-Sole, acabo de llegar a la obra y tenemos un problemita… Sí, en el galpón. ¿Viste que en las reformas pueden aparecer sorpresas, no?
A Soledad le pareció que escuchaba una voz de ultratumba. Preguntó, simulando despreocupación:
-¿Se pinchó un caño? ¿Apareció una viga imprevista?

Cuando se repuso del estado de confusión que le produjo la noticia a Soledad, le recomendó averiguar entre los vecinos, si alguien sabía de quién eran esas cenizas.
El dueño anterior hacía veinticinco años que alquilaba el galpón a los Solís. Aseguró no saber nada de la existencia de semejante cosa.
Fue un astillero.
Funcionó durante dos años y medio. Los más viejos vecinos recordaban con cariño a los Solís. Pero nadie podía imaginar de quién se trataba. Si lo habían dejado adrede o se lo habían olvidado. Las conjeturas fueron varias. Podía ser la madre del carnicero de la esquina, que era amiga de doña Carmen Solís o el hermano del vecino cuyo fondo linda con el galpón. Pero los ex inquilinos habían abandonado el país sin dejar rastros. El vecino de atrás estaba internado con Alzheimer y no tenía parientes. El carnicero dijo que a su madre la tenía él.
Las historias posibles se multiplicaban pero nada cerraba.
Flavio dijo finalmente:
-Yo lo llevo a la cana y que se arreglen.
Con la caja metálica como único acompañante, Flavio condujo hasta la comisaría. Tenía la rara sensación de no ir solo. En la comisaría, el arquitecto apoyó lo que traía sobre el mostrador y dijo que quería dejar constancia de lo que había encontrado, hacía dos horas.
Se armó un revuelo.
Un oficial abrió la tapa y se persignó. El contenido, a Flavio le pareció igual que las cenizas de una chimenea. Con algo como ramas quemadas.
López martilló las teclas de una máquina de escribir arcaica. Escribió sin errores el nombre completo y el número de documento del arquitecto.
-Dígame caballero, el domicilio donde fue hallado…
-Paraná 102.
-Ah, ¡pero esa vereda no es de nuestra jurisdicción!
-¿Cómo…? –Flavio no cabía en su desconcierto.
-Que la calle Paraná, del lado de los números impares es de nuestra incumbencia, del lado de los números pares, no. Diríjase a la comisaría correspondiente a La Lucila.
Harto de no lograr deshacerse del muerto, llegó por fin a la otra comisaría donde se armó el mismo revuelo que en la anterior. Todos los pasos fueron iguales. El caso se caratuló: “Hallazgo de N. N.”.

Algunas noches Soledad sueña con un hombre calvo y delgado, colgado de un clavo, con la mirada perdida y que dice:
-Por qué me dejaste así.

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miércoles 22 de abril de 2009

eternidad


El mar se había pintado de atardecer.
Sobre arena de historia. Los granos de arena eran trocitos de piedras del tiempo. Todos juntos formaban el lecho por el que iba la vida.

Al ver esas arrugas del mismo color que el cielo me pareció que la vida era eterna.
No tenía fin.
Siempre seguía habiendo agua. Reflejaba la inmensidad del cielo.

El sol acababa de intentar dividir en el horizonte el agua del cielo. Pero, derrotado, se retiró.
Quedaron unidos el cielo y la tierra. El sol no los pudo separar. Dios los había unido. Eso era la eternidad.

Había tocado el infinito. No había ni un ruido. Ni música. No escuchaba ni cantos de pájaros ni susurros del viento. El aire no tenía peso ni se movía. Sentí que mi cuerpo era ínfimo y efímero. Y a la misma vez mi alma estaba ahí, infinita y eterna.

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sábado 11 de abril de 2009

11 de abril - día internacional del parkinson


Hoy la nota de tapa del suplemento literario del diario argentino La Nación es: "MÉDICOS Y PACIENTES: UN DIÁLOGO CON MUCHO RUIDO"

"La lingüista Ivonne Bordelois anticipa un libro polémico en el que analiza la relación entre las personas y la medicina actual. Y donde reclama que se vuelvan a escuchar el lenguaje del cuerpo y las palabras llanas de los enfermos"


A veces la vida nos da sorpresas que podemos llegar a abarcar.


El libro que ella escribió se llama: "A la escucha del cuerpo" Puentes entre la salud y las palabras.


Parece escrito para explicar mi libro: "EL CUERPO NO CALLA". Mi testimonio de cómo vivo la Enfermedad de Parkinson y el recorrido por todas las reacciones y tomas de conciencia que voy pasando.


No sólo habla de la importancia de la palabra en tanto diálogo entre médico y paciente, sino también en el monólogo interior. Nuestro recorrido por el alma y nuestra condición de humanos. Justamente son los recorridos de mi experiencia.


G. Jaim Etcheverry escribe: "Al médico se le descubre el drama de las vidas individuales, uno de los privilegios de su actividad. Ve a las personas en sus mejores aspectos y también en sus peores circunstancias. Las ve estoicas y vulnerables, devastadas y entusiasmadas. Y, si presta atención, en el proceso aprende algo de lo que significa ser humano. En especial, adquiere la oportunidad de participar en el drama del ser humano mortal en búsqueda de sentido."


Me llama la atención ver explicado en un ensayo mi proceso. El que relaté en primera persona. El mío no es un ensayo. Es mi historia. Son las "palabras llanas" de una paciente.


Es una satisfacción. Me siento entendida. El efecto de las palabras es mucho más fuerte de lo que se puede imaginar. Y más hoy.




Nota de tapa de adn, CULTURA, La Nación: Médicos y pacientes, un diálogo con mucho ruido.


Notas relacionadas: Entre la ciencia y la humanidad. por G. Jaim Etcheverry






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martes 24 de marzo de 2009

preguntas frecuentes


¿Está agotado “El cuerpo no calla”?

No. Fue presentado en diciembre y ya se agotó en algunas librerías.

¿Dónde se consigue?

Ver la lista de librerías al costado derecho. En breve se podrá adquirir por internet.


¿De qué trata el libro?

“Esta ópera prima es la historia de una sensibilidad y no de una enfermedad, como puede llegar a insinuar el título. Marina, en medio del camino de su vida, se encontró en medio de una selva oscura (la enfermedad), y fue así que, primero, descendió al infierno de la negación agobiante, pasó luego por el purgatorio de la aceptación, e inició finalmente el camino ascensional del auto conocimiento, en cuya cima reside la única salud sólida y duradera: la fuerza interior conquistada. Capítulo a capítulo, El cuerpo no Calla, es el relato de esa odisea existencial.” Sebastián Dozo Moreno


¿Quién es Marina Lassen?

La autora, Marina Lassen Brodtkorb de Nottebohm (42) es arquitecta. A los treinta y cinco años recibió el diagnóstico de Enfermedad de Parkinson. Se sintió extranjera en su cuerpo, como sus abuelos europeos cuando llegaron a la Argentina. Buscó su identidad perdida. Descubrió que su historia estaba registrada en el cuerpo. Aprendió a escucharlo para conocer su alma. Encontró la pasión por escribir. Y las llaves que abrieron las puertas de la esperanza.

Fragmentos
“En aquella oportunidad mi cuerpo me lo advirtió a gritos, pero yo no percibí lo que quería decirme. Todavía no sabía observarme. Lo único que hacía era callar, especialmente si se trataba de sentimientos.
Que no se notara nada, era mi obsesión. Ni miedos ni dudas. Mucho menos, la tristeza. Y de debilidad era mejor ni hablar. Hasta que un día, en el silencio y la soledad de mi vida. Empecé a oír la voz que me hablaba…

La neblina quedó estática. Olía a tierra que había saciado su sed. La naturaleza insistía en enseñarme la maravilla de la vida.
Detuve la mirada en algo que me dejó perpleja.
Vi justo el momento en que una hoja que pendía de una rama se soltó, cayendo en forma de espiral y apoyándose suavemente en el suelo.
—Es la sabiduría natural —pensé— soltar la rama. ” Marina Lassen.


En entradas anteriores hay más información.

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lunes 29 de diciembre de 2008

presentación de "EL CUERPO NO CALLA"

video


Video de Agustina Cúneo en la presentación de "El Cuerpo no calla"


Esto fue lo que se dijo:


Yo: Me resulta más fácil escribir (hasta todo un libro) que hablar en público. Pero quiero trasmitirles mi alegría de cumplir el sueño de publicar El cuerpo no calla.
Agradezco mucho a todos los presentes, en una época con tantos compromisos.
Siempre me gusto la música, de allí mi admiración por Charlotte Stuijt. Es un honor que esté aquí. La vi por primera vez en la Catedral de San Isidro. Sonaba una orquesta dirigida por una mujer de cabellera lacia que se sacudía con gran pasión.
Mi madre y mi madrina cantan desde hace un tiempo en este coro.
Muchas gracias Charlotte,
_Aprecio mucho que estés aquí!!

CORO FEMENINO DE CHARLOTTE STUIJT interpretó:

-Go, Tell it on the Mountain – Spiritual

-Alleluia – Mozart (Canon)

-Edelweis – De la Novicia Rebelde

-Walking at Night – Canción popular checa

-Silent Night - Tradicional

YO: Ante el diagnóstico de Parkinson, recibí el consejo de hacer Feldenkrais. Felden… que? Pregunté, como me imagino que deben estar haciendo muchos de ustedes. Son ejercicios que se hacen guiados por un especialista. En mi caso lo hice con Patricia Moore y aprendí muchísimo. Te agradezco mucho Patricia. Lo que puedo resumir es que el cuerpo es el transporte del alma. En el libro cuento cómo, por medio de esos movimientos fui encontrándome conmigo misma.
Los dejo con Patricia que se los va a explicar muy bien.

PATRICIA MOORE (especialista en el Método Feldenkrais): "Conocí a Marina, un día cualquiera del año. De repente abrí la puerta y me encontré, con ella. Creo que de ahi en mas, sin palabras, comenzamos una relacion, profunda y muy original.


Original porque ella buscaba, cosas tal vez fuera de mi alcance, no lo sabemos aun y se encontró con ella misma, trabajando con su cuerpo sus emociones, sus deseos todo su ser. DESDe un principio me di cuenta que estaba en un camino de busqueda muy profunda y que lo mas importante para que apareciera aquello que todos llevamos y a veces no usamos, es nuestra capacidad para la vida, basada en nuestra propia ceatividad.

Este no es un trabajo facil, uno tiene que meterse muy adentro sin miedo, porque allí muy profundo está ese espiritu que nos anima, creo que en mis largos años de trabajar con este método Feldenkrais y algunos otros, siempre encontré que todos nosotros tenemos un lugar donde refugiarnos en nosotros mismos.

hay momento fáciles de hacer esto y otros no. Me acuerdo de Marina como de alguien con miedo con dudas todas muy justificadas, pero la relacion entre ambas y alguna compañera, el abrirse a oir verdaderamente para ella fué una aventura Y así la tomamos, vivir con lo que nos toca es una aventura un entrar en territorios desconocidos y prometerse encontrar , lo que nos ayuda , ocupando nuestro tiempo en eso. Ella lo hizo lo está haciendo y como ya descubrio este talento o don personal, lo seguirá haciendo, no tengo la menor duda de como sigue el proceso de crear en su vida.

Les cuento algo anecdótico y cortito. Una tarde fuí a la casa de una amiga y vi una película francesa que se llamaba "cartas a paris " o cartas de Paris.

Como salía una abuela rusa le dije a Marina , en una clase porque no la alquilás y la ves????
La semana siguiente vino y me contó que era su propia vida.Que sorpresa y que impulso para investigar lo propio!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!

Asi´empezó todo, escribir, borrar, de nuevo empezar, etc y despues un viaje a Rusia, SOLA!!!!!!!!!!!!!!!

Se sostuvo a si misma y pudo hacer todo lo necesario para llevar adelante proyectos, difíciles.

Y en eso está, te quiero mucho, Marina, creo que nos has dado a muchos la lección de poder llevar a cabo tantas cosas. Es un honor para mi haber sido tu profesora de Feldenkrais. Sabés que siempre voy a estar a tu disposición, mi casa está abierta para cuando quieras volver aunque sea a tomar un café. Y por supuesto te deseo o mejor.No quiero olvidar el esfuerzo que hace la familia y la ayuda de otros profesionales, que como yo entregaron a Marina, lo mejor de si".


Apareció de sorpresa Isabel, mi compañera de Feldenkrais y dijo unas palabras muy lindas.



YO: Pude ver mi identificación con mi abuela materna.
La historia de mi abuela me parecía digna de ser contada. Quise hacerle un homenaje con este libro. Transmitir el coraje con el que ella construyó su vida.
Ayer revisé lo primero que escribí acerca de ella. Me llamó mucho la atención, comenzaba con la frase: “Imposible borrar del cuerpo esa sensación de inmenso calor de sus brazos…” Considerando que eso lo escribí en el año 2005, parece casi premonitorio, estaba hablando de algo que tenía grabado en el cuerpo. Mucho antes de pensar en el título del libro. ¡Empecé a hablar de mi abuela diciendo que todavía sentía el calor de su abrazo!

Desde que aprendí el abecedario me pareció fascinante el mundo que se me abrió. Las letras eran sonidos que formaban palabras y estas contaban historias, develaban misterios y en definitiva, me llevaban de viaje a otras vidas. Había leído mucho pero en ese momento, la misma entrega que había tenido como lectora la volqué a expresarme por medio de la palabra escrita. Situaciones, experiencias y sensaciones aparecían en forma espontánea.
Mónica Mc Cormic me recomendó un curso literario aquí mismo, en La Posada del Te, dictado por Sebastián Dozo Moreno. Gracias a ese taller literario amplié mi horizonte en las letras y comencé a escribir este libro. Esto se transformó en la aventura de recordar por medio de la escritura.
Les leo un fragmento del libro que muestra algo de lo que recordé escribiendo:

“Me encantaba quedarme a dormir en la casa de mis abuelos maternos. Antes de dormir, mi abuela Esperanza me arropaba con unas mantas muy pesadas, tejidas por ella al crochet. Ese peso sobre mi cuerpito era muy agradable, y las sábanas olían a ella, como toda su casa. Eran frescas al contacto con mi piel. Ella me daba unos besos cuya ternura la sentía hasta en los pies. Y me decía:
—Buenas noches, almita mía.
Siempre me persignaba antes de alejarse.
Sus modos eran de una ternura firme, cubierta por una capa de inexpresión. Había tenido que proteger su sensibilidad para sobrevivir a lo que le tocó pasar. Sus piernas eran un poco flacas e inestables. Pero su fuerza de voluntad la llevaba adelante. Aunque fuera para dar otro paso, otro y otro más. Porque la vida era eso: pasos.
A la mañana, ella prefería que yo no me levantara sola, que la llamara desde la cama.
—¡Baaaaba! —gritaba.
Y al ratito llegaba resoplando de subir la escalera. Una mañana la vi entrar con un pañuelo en la cabeza y olor a cebollas en las manos. Sus ojos verde seco se habían humedecido. Me aclaró que sus lágrimas eran pura y exclusivamente por esas cebollas. A mí me pareció que me engañaba. Abrió las cortinas pesadas y por las ranuritas horizontales vi el brillo del nuevo día. Levantó la hoja de abajo de la ventana de hierro. Soltó los postigos y los abrió de par en par. La luz me daba de pleno, ese cuarto chiquito, a la mañana quedaba todo ocupado por la luz del sol. Primero me tapé con la sábana para filtrar un poco mi encandilamiento. Cuando me acostumbré, con los ojos chinos, me destapé y gateando por la cama llegué a los pies de la ventana. Mi abuela me preguntó qué veía, y yo dije:
—¡Qué lindo techo tiene la calle!
Me refería al cielo, creo que lo entendió. Mi abuela me abrazó con su alma pegadita a la mía, inspirando profundamente, y diciéndome:
—Tesoro mío…
Creo que tenía otra vez los ojos en el punto húmedo, lo sentí. No eran las cebollas…”

Y otro fragmento del libro que cuenta lo que significa escribir para mí:

“Escribir me cambio la vida. Poder sacar lo que mis emociones generan en forma de palabras escritas me produce una satisfacción enorme.
El arte transforma. Así como en cualquier expresión de arte veo aparecer algo nuevo, lo mismo ocurre en mi alma. Me genera un sentimiento que nace y crece. Un sentimiento que es, a su vez, regenerador: amor. Un amor desinteresado, por la vida y por la naturaleza. Eso se resume en amor a Dios.”


Muchas veces me dijo mi abuela que no me olvidara que lo mas importante que podía tener en la vida no se veía, haciendo el ademán de señalarse la cabeza y el pecho, queriendo decir que ahí adentro estaba alojado lo principal. Y realmente no hago mas que seguir comprobando que es así. Que fácil es verlo en un ejemplo tan directo, si a cualquier persona, hipotéticamente, la despojamos de todos sus bienes materiales hasta de privilegios, que queda? Es interesante hacer ese ejercicio mental. En definitiva queda la capacidad de cada uno de adaptarse, de ganarse la vida, de relacionarse, creer y ser feliz.

Cuando terminé de escribir el libro lo vi con Agustina Cúneo. Ella se interesó en lo que había escrito y me ayudó a preparar el texto para poderlo editar.

Y para continuar con la cadena de eventos afortunados nació Bergerac Ediciones, que me ofreció editar El cuerpo no Calla.


AGUSTINA CÚNEO: las palabras de Agus son las que estan en el video de más arriba en esta entrada.


Brindamos, hubo sandwiches y vino. Recibí muchos abrazos y me quedó un recuerdo espectacular del cariño que recibí ese día. Calculamos unas 150 personas presentes, y ¡vendí 100 libros!
Ya contaré más de las presencias, sorpresas y repercusiones.




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domingo 21 de diciembre de 2008

gracias pedro



Recibí muchos comentarios sobre "El Cuerpo no Calla". Es muy intensa la sensación de entrega que tengo. Me entregué con mi libro. Y también es fuerte la respuesta que me están devolviendo. Mi amigo Pedro Neila fue el primer entuciasta. Debo agradecerle sus palabras, que son una obra de arte:

"Este libro es mas bien un atlas de precisión. En que se pormenoriza la geografía de tu alma. Fiordos acuchillados de acantilados de penas súbitas quizás eternas, y radas acogedoras de arenas seductoras. Cascadas, cataratas de lágrimas que a veces caen en lagunas no comprendidas del todo. Icebergs que se interponen en la singladura de la vida que abren heridas en la quilla del ánimo. Oleajes desenfrenados de horribles cabellos de espuma, galernas, tifones, alternan con mares rimados, que permiten solazarnos con la belleza de corales de colores acristalados. Mientras un leviatán rodea nuestros pies con crueles tentáculos y pugna por llevarnos a abismos de noches eternas. La extrema debilidad del Parkinson quizá sea el mejor testimonio de fortaleza. Entre tantas asechanzas el barquito de tu vida, nuestra vida, se obstina en seguir a flote. A veces la voluntad de vivir se me antoja suicida. Sé que hubieras preferido otras rutas, otras aguas, sin embargo tu libro es el testimonio de un velero que planta cara al huracán, y aunque a veces sientas las mojadas sombras del abismo cercano, está claro que no piensas abandonar el timón. Cuando el viento arrecia lo mas prudente es recoger velas para proteger el mastil de ese propósito tuyo de seguir viviendo. No olvides sellar las vías de agua con la pez de la levodopa. Que no falte nunca tu velero, porque has iniciado una singladura que puede ayudar a muchos a plantarle cara al ciclón." Pedro Neila

Y cuando le recomendó mi libro a su primo le escribió lo siguiente:

"Bueno primo Fernández, a modo de prefacio te haré una breve aproximación a la pluma autora del libro. Marina Lassen, primero que nada es mujer, obvio si uno pone atención en el nombre de pila. El apellido no es muy argentino, sería necio creerlo. El caso es que por las venas de Marina corre un híbrido de fluido eslavo con su pintita de sangre escandinava. Poseedora de una fina inteligencia y de una cuidada y amena prosa (como podrás notar enseguida) , es paradójicamente chica reservada e introvertida hasta la extremidad. Estas gruesas gafas mías por las que ya han pasado algunos textos me hicieron notar enseguida, al socaire de la lectura del libro de la chica, que no se trata de persona común ni masiva, me parecen prodigiosos sus análisis así como sus conclusiones. Así se lo hice saber, ¿sabes cual fue mi premio? ¡¡Un adjetivo!! Me llamó exagerado. A día de hoy reniego de tal calificativo y reincido en mi criterio. Marina es persona diferente. Pero no solo domina la prosa, no amigo Fernández. La poesía no tiene secretos para ella.
Algo más debes saber. Yo en mis inicios de lector, apuro me da reconocerlo, era frecuentador del llamado burdel de las palabras (diccionario por otro nombre) locuras de juventud. Yací con muchas palabras primo, las “conocí” según jerga bíblica... Ya a parte esos excesos de mi vida, y difícil era hasta el momento que tu viera que volver aquellas actividades prostibularias, “””que no se si tu conoces”””, dada tu juventud austera y ascética. Pues bien, la señorita Lassen me ha obligado a reanudar a aquellas disipadas costumbres. He tenido que volver al Espasa. Aunque he de decir en mi descargo que muchos de los términos que ella usa y que desatornillan mi comprensión por causa de localismos argentinos. Ella habla el castellano como nosotros pero como bien sabes las denominaciones varían con la latitud.
Ahí va su libro y prepara el pasaporte por que el libro te hará viajar a Rusia."


Confieso que me avergonzó con tanta alabanza...

Casi fue el prólogo.

Gracias Pedro!

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lunes 1 de diciembre de 2008

Comentarios de lectores

Esta historia es un canto a la esperanza, detrás de cada escollo, de cada sufrimiento, de cada obstáculo, ella vislumbra la lucecita que le permite la conexión con la vida y el amor.
María de los Angeles Toledo, Bs As

Leí el libro de Marina, ¡es una excelente escritora! ¡me atrapó de entrada!
Juana Lascaray

Me gusto mucho como manejaste la figura del "exilio" y el "juego" de esos dos mundos... Creo que para quienes pasamos por situaciones tan limite como es tu enfermedad o en mi caso la muerte de un hijo, es imposible no transitar entre dos mundos. Sin duda hay un mundo exterior que sigue andando y del que, por momentos, no formamos parte. Asi tambien empieza a existir un mundo interno bien distinto al que ya existia. Y aqui esta lo valioso de tu obra. Haber hecho publico un mundo de sensaciones y emociones, de miedos y angustias. Todos las sentimos pero muy pocos se animan a reconocerlas. Poder decir lo que a uno le pasa es el principio de la solucion, pero ¡que dificil!
Socorro Ham

Me pareció lindísimo y escrito con un estilo tan natural, tan tuyo, que leerlo fue como compartir con vos una charla de amigos donde hubo espacio y tiempo suficientes para recorrer todos los rincones de tu historia de vida. Me emocionó muchísimo saber de vos leyéndote en tu libro. Te felicito de todo corazón y estoy segura de que este libro es el primer paso en un camino lleno de oportunidades. Sos una genia y tu iniciativa me inspira y me da ganas de hacer lo mismo: publicar!!
Clarina Pertiné

Queria agradecerte el libro q has escrito, has desmostrado y aun continuas haciendolo el empuje q debes tener el dia a dia, a pesar de tener una personalidad timida y reservada , sacaste Dios sabe de donde la fuerza de una leona y q vale la pena vivir a pesar de todo, aunque más no sea para descubrir el olor del sol y recuerda que lo mejor aun está por venir........
Un abrazo a la distancia y de corazon espero conocerte algun dia,
Lili Chazkin

La semana pasada termine de leer tu historia. Fue muy atrapante y emocionanate. No pude dejar de lagrimear con las historias de vida de tus queridos abuelos.
Me senti muy identificada con muchas partes de tu recorrido y corrobore lo dificil que es aceptar el hecho de vivir con una enfermedad... aunque al final todo se puede.
Empece a experimentar lo calmante de esa sensacion de abandono y desahogo. La cercania con lo espiritual me trajo mucha paz interior y salud....
Te mando un abrazo y beso grande.
Clara Pasman

Marina es una de las escritoras más sabias, y con más agallas que leí en estos últimos anios! impresionante, simplemente. Un equilibrio tan logrado que casi marea... tenés que leer "el cuerpo no calla" y agarrate Catalina.
Carmen Cordiviola, Berlín

Al libro de Marina me lo devoré. Me gustò muchísimo y me sentí identificada con muchas cosas de cuando yo estuve con una neuropatía. Te agradezco que me invitaras y me alegro muchísimo de haber ido. Trasmitile mis felicitaciones. Con la garra que tiene, y esa sensibilidad espiritual, le auguro un camino de logros y batallas vencidas. Y, desde ya, la tengo incorporada a mis oraciones para que siempre siga dandonos esa lección de fortaleza.
Un beso enorme
Raque Lanusse, Bs As

Me encanto tu forma de escribir y de contar tu histria!!! tan llena de coraje y de sentiemiento!!! Los cuentos de tus abuelos... y sus historias tan duras como interesantes...
La verdad es que te queria FELICITAR con mayusculas Me encanto tu libro y espero leer tu proxima obra!!! Creo que tenes un don que vale lapena comprtir!!!
Beso, Dolores Basavilbaso

¡Es que me lo devoré! Lalo dormía, yo en la cama, a su lado, me agarré la laptop y empecé. Me atrapó. ¡Sos una genia escribiendo! Vas llevando al lector perfecto... de la manito. Capítulo aparte es "tu historia"... cómo la vas explicando, desarrollando... cómo te vas abriendo. A mí, me apasiona preguntarle a la gente por las vueltas de su vida. Cuando te van contando de emigraciones, viajes, desgarros, guerras, amores, hijos, ¡es apasionante!
¡Ojalá te animes a escribir más libros!
Besos
Isabel Berazategui, Barcelona.

Opera prima y por tanto, casi obligada de descarga autobiográfica. Suave, muy suave, aparentemente. Pero mano de hierro en guante de seda. En el interior subyace junto a esa extrema delicadeza una gran autoexigencia, generada por la estricta educación.
Describe el impacto sobre esos estratos sucesivos de, joven, esposa, madre… mujer al fin, de la Enfermedad de Parkinson juvenil. Como, poco a poco, invade su cuerpo y su mente, los cambios en su personalidad. Pero no es un libro sobre la Enfermedad, sino un libro de la adaptación de un enfermo a esa nueva realidad. Aparece con toda naturalidad porque es su vida cotidiana. Un motivo más para leerlo.
Antonio Cortina, adm. del foro de Parkinson de Rediris, Lyon

A medida que iba pasando las páginas, las sensaciones mutaban desde la fascinación por tu historia ancestral, hasta el interés por tu presente.
Sé que vas a tocar muchos corazones con este libro, y esta predicción no se sostiene en ningún basamento sociológico ni de marketing. El amor que destilás de principio a fin, aún en los momentos más duros y de mayor desconcierto. Eso se respira todo el tiempo. Ni un atisbo de rencor, algo tan difícil de lograr pero que suma y capitaliza MÁS AMOR.
Necesito "felicitarte" por haber combinado tan mágicamente las palabras. Quiero simplemente que sepas que me encantó. Un beso grande,
Mariela Peri, Rosario.

En medio de los problemas, los remedios, el malestar, encuentro en vos Marina una búsqueda tan vital, una conexión admirable con tus sentimientos, tu evolución, tu cuerpo. Me parece que la Marina que muchas veces se ve a si misma insegura y temerosa crece a grandes pasos y tiene recursos internos gigantes y nos esta enseñando a todos a acercarnos, y a compartir su mundo y forma de expresarse, escribiendo.
Gracias por dejarme ser parte....
Gabriela Pignotti, Prov. Buenos Aires.

Lo cierto es que me gusto mucho leer tu libro y sin ser un experto ni mucho menos me gusto la forma que tenés de escribir. La verdad que mientras lo leía, sentía que te estaba conociendo más ya que habían frases que nunca me las hubiera imaginado en tu boca y sin embargo ahí estaban puestas por vos.
Me parece muy bueno que si esto es una pasión la dejes fluir libremente.
Te mando un gran abrazo.
Agustin, Prov. de Córdoba.

Leyendo esto pude ponerme en tus zapatos por un momento. Entiendo lo que decís con eso de ser "extranjero". Yo no tengo recetas mágicas, pero creo que estás en lo correcto cuando decís que no es bueno tratar de parecer nativa sino ser uno mismo. Vos tenés todo para conquistar cualquier país, sensibilidad, inteligencia, belleza, simpatía y sobre todo amor, el tuyo, el de madre, y el nuestro con el que tratamos de abrigarte de la mejor manera para que no te sientas sola.
Te quiero mucho
Nadine, Londres.

El libro me ha parecido extraordinario. Lo leí casi sin interrupciones. No soy de entusiasmarme facilmente, y , sin embargo no lo podría dejar hasta que lo acabé.
Muestra, con transparencia la personalidad de la autora. Firme, dulce y no desprovista de cultura.
El estilo es claro, directo y simple, sin retórica, parece que, como el de un francés del siglo XIX -no recuerdo quien- se hubiera formado en la lectura del Código civil.
En fin, me faltan palabras para elogiar a la obra y a su autora.
Le deseo todo lo mejor.
Un Abrazo,
Jacques Wilson Rae, Bs. As.


Querida Marina, devore tu libro. Lo empece el dia que lo presentaste, y lo termine el lunes feriado. Me encanto!!! Me impresiona lo "Vívido" que es. Un verdadero testimonio acerca de un proceso de enorme maduracion personal ante una situacion inesperada y dificil.
Me encanto aquello que nuestros hijos nos eligen a nosotros para enseñarnos a vivir mejor. Tambien aquello de aceptar y amar nuestro lado "oscuro" como modo de lograr paz interior.Y todo lo de tu viaje a Rusia, del que sabia tan poco, que interesante que fue! La verdad no nos fijamos si no caminas bien o temblas (honestamente nunca me di cuenta). No te preocupes que aun si ello pasara, te seguiriamos queriendo como siempre!!! Nuevamente, felicitaciones por tan lindo libro. Intentaremos conseguir dos ejemplares mas para regalar a buenos amigos a los que les va a gustar. Un beso. Pancho Agote, Bs. As.


a las mamás de 5to: les escribo para compartirles que, como alguna de ustedes, fui a la presentación del libro de marina lassen. me gustó el nombre del libro, me gustó escucharla a marina (estuvo todo re-lindo), y me volví a casa con el libro.
y lo empecé a leer. y me lo devoré.
y les cuento que además de la calidad con que está hecho (presentación, talento, hondura, y demás) , me pareció impresionante la generosidad con que marina nos comparte su vida, su historia, su enfermedad, su búsqueda. su corazón.
me parece que , ya que vienen las vacaciones y con suerte tenemos un poquito más de tiempo libre, sería buenísimo que lo pudieran leer. porque es un verdadero tesoro.
no todos los días tenemos la oportunidad de leer una historia donde la protagonista es contemporánea nuestra, vive cerca nuestro, tiene a unos de sus hijos en el mismo colegio que nosotras (hasta tal vez en la misma clase!) y al mismo tiempo vive lo cotidiano con tanta hondura y talento.
re-buena lectura de vacaciones !!! no se la pierdan !!! mil felicitaciones a marina y a todas un abrazo enorme de navidad. con muchísimo cariño, mercedes mosquera, bs. as.


En el fondo de mi lo que subyace es una.... ENORME ENVIDIA VERDE Y ASESINA por lo bien que escribes novela. Francisco Montesinos, Madrid


Tu libro Marina, el que no deseaba que terminara porque lo recorrí, más que leerlo, tuvo y tiene un efecto distinto que el que quizá tenga en otros lectores. A mi me atrapó y abrió "casilleros" de silencios que guarda mi mente. Marina, tu libro me llevó a preguntarme muchas cosas, me disparó para otros lugares y tu búsqueda y tus sensaciones de pronto eran mias. Viajé en tus palabras hacia dentro tuyo y hacia mi propio interior.
Te quiero Marina...cuidate mucho. MIL BESOS!!
Irma Zafiro, Bs. As.

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miércoles 26 de noviembre de 2008

el cuerpo no calla





Tengo una alegría enorme para compartir.


Se publica mi libro "El cuerpo no calla" en Bergerac Ediciones


“En aquella oportunidad mi cuerpo me lo advirtió a gritos, pero yo no percibí lo que quería decirme. Todavía no sabía observarme. Lo único que hacía era callar, especialmente si se trataba de sentimientos.
Que no se notara nada, era mi obsesión. Ni miedos ni dudas. Mucho menos, la tristeza. Y de debilidad era mejor ni hablar”. “Hasta que un día, en el silencio y la soledad de mi vida. Empecé a oír la voz que me hablaba…”
Marina Lassen


Sinopsis:


¿Tener una enfermedad crónica? ¿Yo? Pensé al recibir mi diagnóstico.
Me sentí extranjera en mi cuerpo, empujada al exilio como mis abuelos cuando salieron de Europa y llegaron a Argentina. Adopté el mismo espíritu de superación. “¡Al mal tiempo: buena cara!”.Buscaba la manera de enfrentar el problema y sacármelo de encima. Pero estaba luchando contra mi misma. En lugar de entenderme con mi enfermedad luchaba encarnizadamente en contra. Así perdí mi identidad.
Un extranjero que deja sus raíces, para integrarse al nuevo país aprende el idioma, la idiosincrasia, las pautas, la música, los sabores y olores. Yo empecé ese camino en el Parkinson. De a poco fui empezando a entenderme de nuevo, aceptar mis limitaciones y debilidades, dejando de lado la exigencia de la perfección pude aprender a convivir con mi nueva realidad. El camino tuvo pozos, barreras, a veces auto impuestas, charcos y alguna vez mordí la banquina…
Tuve momentos de omnipotencia y de desesperanza, ambos muy lejos de lo que realmente me serviría. Pero siempre recibí una mano y seguí avanzando. Aprendí que lo principal es la conexión entre nosotros y el mundo.
Ya no busco la mágica poción que me dé la felicidad sino que me valgo de llaves que abren las puertas de la pequeña esperanza.


Agradezco a Sebastián Dozo Moreno que me infundió la confianza para escribir.
También a Agustina Cúneo que revisó el texto con atención y esmero.
A José Luis Parodi, autor de la pintura que ilustra la portada, y de “Angst”, al inicio del capítulo 1 del libro.

Gracias a todos los que desde cada especialidad me dieron sus consejos y me ayudaron a recorrer mi camino.
A mi familia por la adaptación a mis cambios.
Y a Blanca Ávila, por su incondicional apoyo.


Se lo dedico a mi familia a lo largo del tiempo y a lo ancho del mundo.


Fragmento del prólogo:

“En medio del camino de mi vida, me encontré en una selva oscura, cuyo recuerdo renueva mi temor, temor tan triste que la vida no lo es tanto”, rezan los primeros versos de la Divina Comedia. También Marina, en medio del camino de su vida, se encontró en medio de una selva oscura (la enfermedad), y fue así que, primero, descendió al infierno de la negación agobiante, pasó luego por el purgatorio de la aceptación, e inició finalmente el camino ascensional del auto conocimiento, en cuya cima reside la única salud sólida y duradera: la fuerza interior conquistada.
Capítulo a capítulo, El cuerpo no Calla, es el relato de esa odisea existencial.
Afirmé que esta obra pertenece al género femenino, y que es la historia de una sensibilidad. La razón es simple. Marina Lassen Brodtkorb escribe con tanta delicadeza, y habla de su vida con tal candor, que el lector se siente hablado al oído por una voz delgada y suave que susurra verdades profundas en tono cotidiano, con la sencillez con la que una madre le confiaría un secreto a un niño. O una amada a su amado.
Sensibilidad a flor de piel. Flor sensible a los erizamientos de su piel. Relato testimonial. Valentía de una mujer que, descubridora de sí misma, cuenta su vida como si lo hiciera al arrimo del fuego del hogar, deslumbrada de a ratos por los reverberos de una dulce nostalgia, y entibiada por las brasas de un amor que exhibe su fuego tímidamente. De a latidos. Con la discreción propia de toda pasión genuina, que no hace alarde de furor, porque le basta para encandecer con la verdad de su ardimiento íntimo… Anécdotas. Evocaciones sensitivas. Descubrimientos espirituales. Todo esto contiene la obra que a la vuelta de esta página inicia su vuelo. Y más aún.
“Si quieres saber lo que una mujer piensa, no la escuches, mírala a los ojos”, dijo con suspicacia Oscar Wilde. Aquí es preciso alterar el consejo: “si quieres saber lo que esta mujer siente, no la mires a los ojos, lee lo que ha escrito”.
Cedo la palabra a la autora. El que pueda entender. Que entienda.
Sebastián Dozo Moreno

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sábado 7 de junio de 2008

cuanto


¿Cuántas hojas de otoño y brotes de primavera?
¿Cuántos sueños han pasado y cuántos viviré?
¿Cuántas noches de desvelo?
¿Cuánto dejo y cuánto llevo?
¿Cuántos siglos caminé?
¡Cuántos libros callados!
¡Cuánto mar cansado!
¡Cuánto color vacío!
¡Cuánto sabor contenido!
¿Cuánto resistiré el hielo de la templanza?
¿Cuántas piedras arroja la venganza?
Mi corazón ya no grita de dolor
Ya no grita
¡Cuánto tiempo perdido!
Tiempo
Voy a sentir el agua fluir
Mi tiempo
El tiempo es hoy
¿Cuánto fuego dorado quemaré?

Pasó un año desde que abrí este blog. Fue un año muy intenso. De profundos planteos y búsquedas. A pesar de haber encontrado oscuras sombras el balance es positivo. Haber empezado a escribir es muy importante para mí y quiero agradecer a los que me infundieron confianza para hacerlo.
Y voy a seguir escribiendo.
Un agradecimiento especial para Irma, desde su blog Zafiros y piedras, que le adjudicó a mi blog un premio Arte y Pico. Ella forma parte del grupo que mencioné, incentivándome. ¡¡Gracias!!
Los blogs que elijo a mi vez, otorgándoles el premio Arte y Pico son:
- Mirar por la terraza de Carmen: por sus escritos, admiro su vitalidad y creatividad.
- La estepa de Pedro: por sus escritos y reflexiones.
- Painting facts de José Luis: por su pintura, textos, videos y análisis.
- Ciudad de Lobos de Carlos: por su música, junto con recuerdos.
- El país de los magos de George: por su poesía.

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miércoles 5 de diciembre de 2007

EL HERMITAGE

Por agua y por tierra recorrimos la ciudad de San Petersburgo que arquitectónicamente es única. La combinación del ancho río Neva, canales, avenidas enfiladas con vistas en todas direcciones, la colección de palacios más increíble, estéticamente muy homogénea en su origen, intencionalmente muy poco rusa, con una elegancia sin par y respirando historia en todas las esquinas, es extraordinaria.
Todo tiene una escala que desconocemos, me acorde de lo que decía Baba acerca de lo “grande” que era la ciudad, refiriéndose a la “grandeza”. Es un calificativo que es difícil de traducir, y es parte del alma del país, tal vez “magestuosa” se aproxime más a la palabra que resume a la ciudad. Abarca su importancia, elegancia, no solo el tamaño o la monumentalidad.
Nos hablaron de su fundador, Pedro El Grande que en 1703, Luego de vencer a los suecos, decidió que la ubicación de la capital del Imperio debía estar lo más cerca posible de Europa, y ese era el lugar, la desembocadura del río Neva en el Mar Báltico. Un pantano, que sería transformado en la “Venecia del Norte” y por barco podía conectarse con los europeos.
Tomo la decisión de tomar arquitectos italianos, franceses, alemanes para que la ciudad fuera lo mas europea posible. En cierto modo lo consiguió, pero hay algunos detalles que hacen que el barroco sea especialmente ruso igual.
Hermitage
¡El museo más increíble del mundo! Entramos antes que el público así pudimos ver los salones palaciegos a nuestras anchas. Fue como entrar al Arca rusa, todo un día, el diseño del Hermitage tiene esa “grandeza” de la ciudad, una elegancia inimitable y las obras de arte que se atesoran ahí dentro son invalorables. Todo junto me dejó sin aliento. ¡Vi el cuadro de Rembrand, El regreso del hijo prodigo! Solo eso daría para escribir tanto… que me quedo sin palabras.
Este es el grupo de Españoles con los que viajé. La mayoría eran catalanes. Con el cartel de RACC amarillo está Marina, la guía. Yo soy la que estoy en la última fila un poco a la derecha de Marina.


Y esta es una filmación que tomé parada delante de la fachada. Son los 360º de la plaza. Para darse más idea de la escala monumental en proporciòn a la gente.


video

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martes 13 de noviembre de 2007

MIR + METRO + TAXI


La visita guiada al centro de entrenamiento de los cosmonautas estaba preparada para los rusos, no para extranjeros, pero nosotros tuvimos acceso. Nos dio un pantallazo del funcionamiento de una organización estatal. Gasalla, en su personaje de la empleada pública es una buena aproximación a la vocación de servicio de los que trabajan ahí. Lo llaman Ciudad Estelar, es un territorio dentro del cual vivenn y entrenan los astronautas. El ídolo de ellos es Yuri Gagarin.

Me enterneció el orgullo de Vladimir, el astronauta… que nos mostró todo hablando de los norte-americanos con una inocencia casi graciosa. Nos mostró la base MIR, súper interesante, el espacio hiper reducido, valió la pena imaginarse la vida en el espacio.
Eso y ciertos aparatos de investigación muy sofisticados fue lo que nos mostraron, pero más allá de eso, me quede impresionada con el estado de los edificios por falta de mantenimiento, todo quedo tal cual fue hecho y mientras tanto, el paso del tiempo hizo su trabajo. Por ejemplo el baño de mujeres no tenia luz (y tampoco ventana) eso nos dio la pauta de falta de recursos.

Almorzamos en el salón donde los que viven en esa Ciudad Estelar, hacen sus fiestas de casamientos. O sea, lo mejorcito que era más o menos como el comedor de una estación de servicio de hace 20 años en el interior de nuestro país. La comida era excelente y la atención, nada influenciada por “el cliente tiene razón”. Fue la primera vez que pude comprobar que mis clases de ruso fueron muy útiles, ante el asombro de los catalanes, yo les traduje los reclamos a la moza, claro que tratando de suavizarlos.

Volviendo de ahí, decidí ir al museo Tolstoi, que era la casa donde vivió el famosísimo escritor, por mi cuenta. Al bajarme del bus se animaron a venir conmigo los osadísimos Marie y Armando. Les interesaba y conmigo se animaban. En el subte, mientras mirábamos desesperadamente los nombres de las estaciones, para asegurarnos de que íbamos por buen camino, tuvimos que cambiar el destino a la calle Arbat, una peatonal donde se reúnen artesanos, pintores y tiene mucha vida cultural, porque no llegábamos al museo antes de que cierre. Tomamos un troley-bus, y llegamos a la peatonal donde casi no había vida ya que llovía y bastante. Nos sentíamos unos aventureros paseando solos por Moscú. Entramos a una confitería muy simpática a tomar un te. Y nos sacamos una foto delante de la casa de Pushkin, pongo la foto.





Hasta ahí, todo iba bien, teníamos la noche libre pero preferíamos volver al hotel porque no parecía que fuera a parar de llover. Emprendimos la vuelta en taxi siendo las seis de la tarde, plena hora pico. El tráfico era un caos y el taxista resultó un vivo bárbaro. Parecía un oso, tan grande de tamaño que a penas cabía en su Lada. Marie y yo nos sentamos atrás, al cerrar la puerta casi me quedé con la manija en la mano. El chofer me pregunto si accedíamos a tomar un camino más largo, que seguramente tenía menos tráfico. Asentimos pero obviamente, no solo estaba igual el infierno de autos sino que además el camino era más largo. No sabíamos que era conveniente fijar el precio antes de subirnos. Así que mientras el contador de tiempo aumentaba frenéticamente en rublos, del mismo modo crecía nuestra ansiedad.
¿Qué enojado estaba Armando! ¡Y no me dejó pagar nada!
Pero aprendimos.
Estas 3 cosas fueron parte de lo inusual de lo que se visita en Moscú. A mí me impactó especialmente el metro de Moscú. Cada estación me dio la impresión de estar diseñada como un palacio. Son una obra de arte. Cada una tenía un tema y por ejemplo una tenía esculturas, otra mosaicos, cuadros, lámparas, todo de estética palaciega. Tambien me impactó la gente que viajaba, la mayoría muy humilde, contrastando drásticamente con los que iban en los autos que por Argentina ni se ven.

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lunes 29 de octubre de 2007

la carta breve



La niña espiaba por la cerradura. Se comía las uñas. El posadero le había pedido que entregara un sobre blanco al caballero que llegó apurado esa madrugada. ¿Cuál será el significado de esa palabra para él?, pensó. Lo vio caminar en redondo con el papel en la mano. El hombre levantó sus ojos lacustres y arrojó la nota al fuego. Apenas sabía leer, pero juraría que la palabra que había distinguido al trasluz era: “Imposible

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viernes 12 de octubre de 2007

Algarrobo



Tu sombra en este tórrido clima cordobés de Traslasierra es una auténtica bendición. Generoso me ofreces fresco refugio cantándome suavemente al oído. Mientras la brisa seca me acaricia.
Yo sé que debiste buscar con mucho esfuerzo el néctar de la vida. Ese tan escaso por aquí. Pero con tu sabiduría has podido encontrar algún arroyo subterráneo. Uno de esos que surgen cuando llueve en la Pampa de Achala. Corren en parte bajo la superficie y en parte saltando por las piedras redondeadas.
Tus hojas pequeñas y tus espinas evitan que pierdas eso que tanto te costó conseguir. Y tus ramas en ángulos rectos me enseñan a elegir el camino.
Todos por igual llegan a la luz. La misma que también cada uno de nosotros necesitamos en forma de calor.
Tus brotes no se abren fruto de la mediocridad. No se quedan en las medias tintas, no. Si reciben el néctar de la vida y son abonados de luz, estallan de amor.
Eso para mí hoy es un descubrimiento. Para el que vivió en este rancho a tus pies era lógica pura: del agua y la luz brota el amor. Detrás de estas pircas, antes de la llegada del huinca esto era lo que importaba. El dueño original de estas tierras era como tú. Sabía que el amor verdadero era entregado por entero, sin especulaciones.
Él volvía al rancho y entregaba a los suyos lo que tenía. Se entregaba. Había aprendido de ti, Algarrobo, que brotabas del agua y la luz. ¡Qué poco necesitaba! ¿Cómo es posible que lo hayan desterrado, al antiguo dueño de las flechas?
A tu lado me siento como una cautiva, que al haber aprendido esto, en cuerpo y alma, ya no puede volver atrás.
Quiero quedarme aquí. Si vienen a buscarme responderé sin dudar:
- ¡Fuera huinca!

Gracias Algarrobo, por ayudarme a encontrar mi escencia.

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viernes 21 de septiembre de 2007

atormentarse o capear el temporal



No creo que valga la pena atormentarse. Pienso que la única manera de superar los temores es siendo sincero con uno mismo.


Si no buscamos esa "felicidad" total, la mágica solución o el famoso futuro ideal de la sociedad de consumo. Si en vez de eso disfrutamos de las pequeñas cosas, en contacto con los demás, probablemente podamos vivir más plenamente. Sin buscar la cuadratura del círculo.


Quiero navegar por las aguas de la vida, timoneando con la razón, sintiendo de donde viene el viento y resguardándome de las tormentas. Si me toma alguna por sorpresa, habrá que capear el temporal.


Les pido disculpas por no estar visitandolos. Me estoy tomando un descanso por tiempo indefinido.

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sábado 15 de septiembre de 2007

parkinson

Mi experiencia para compartir es que el espíritu de lucha es muy importante, lo que pasa es que a veces nos faltan las fuerzas. Cuando por ejemplo tuve que dejar de hacer una clase de gimnasia-baile, que es lo que mas me gusta hacer sentí una impotencia que rayaba la furia.

Yo nunca me había dado cuenta de que mi manera de reaccionar, ante cualquier problema fue siempre apretar los dientes y darle para adelante. Por lo general me resultó y logré superar los escollos. Estudié arquitectura, trabajé varios años en estudios de arquitectura y también hice algunos proyectos propios.
Cuando acababa de cumplir 35 años, estaba mejor que nunca, feliz con mi marido y la familia que estábamos formando.
A principios de febrero del 2002 nació nuestro segundo hijo. Era un momento sumamente complicado en Argentina, batiendo el record de 5 presidentes entre fin de diciembre y principios de enero, además de una terrible devaluación y nosotros hacia un año que habíamos empezado con un emprendimiento propio. Pero, como siempre, no nos desanimamos, siempre esperanzados en que haciendo las cosas bien, trabajando duro, lo íbamos a lograr.

Con el Parkinson fue diferente.

Diagnóstico

Cuando el neurólogo me preguntó por el origen de mi apellido, pregunta inevitable ante semejante trabalenguas, yo conteste la respuesta que doy automáticamente, aprendida desde mi infancia: el origen es alemán, pero desde hace muchas generaciones que estaban en noruega. Buscaba antecedentes familiares para saber por que razón tenía esos síntomas.
Cuando fui a esa consulta, a los 6 meses de nacer mi segundo hijo se me estaba paralizando la mitad del cuerpo. Rengueaba, no lograba casi mover la mano izquierda, el hombro izquierdo me dolía mucho y tenía un cuadro de depresión. Me había dejado estar muchísimo. Tres años antes me habían hecho un montón de estudios porque tenía hormigueos, insensibilidad y dificultad para la motilidad fina en la mano y el brazo izquierdos. Me dijeron que era por stress y yo me convencí de que, por ser diestra y usar poco el brazo izquierdo, tenía en éste menos habilidad. Haciendo memoria, en una caminata por las Sierras de Córdoba, a los 25 años, un amigo observó que yo caminaba sin balancear el brazo izquierdo, así que ahí ya estaba presente la enfermedad, no sabía que hacía 10 años que me acompañaba. Incluso ante mis “bajones” de ánimo, siempre se pensó que era sólo depresión. Especialmente esa se consideraba una depresión post-parto.
Yo sentía que había algo más, que avanzaba sigilosamente, agazapado dentro de mí, tomando posesión de mis movimientos, atrapándome sin remedio no solo en el cuerpo sino también en el alma.
Cuando por segunda vez consecutiva, preparando polenta no podía echarla en forma de lluvia en la cacerola, algo tan fácil… Volví a consultar al medico.

Empezaba una prueba muy dura, lograr descubrir que era lo que me pasaba. Las posibilidades estaban entre Esclerosis Múltiple, un tumor
cerebral, y cualquier otra cosa menos Parkinson. Esto último era muy difícil de suponer porque aparte de mi corta edad, temblores no tenía, cosa que lo hubiera hecho más fácilmente reconocible.
Me estaba identificando con mis abuelos que habían llegado a Argentina sin nada más que lo que traían puesto y su cultura. Ante la adversidad pusieron toda su energía en superarla, al mal tiempo, buena cara. Así encaré los tiempos en que me fueron haciendo los estudios: tomografía computada, resonancia magnética, angio-resonancia y consultas a 3 neurólogos, en los que estuve entre pañales, mamaderas, horarios de los chicos, una incertidumbre terrible con respecto a mi destino y sobre todo mucho miedo. Cuando ya mi bebe tenia 18 meses, por fin me dieron el diagnostico, estaba en el país del parkinson...

Al tomar conciencia de mi diagnostico me sentí descolocada, no era yo. A mi no me podía estar pasando esto ¿tener una enfermedad crónica? ¿Yo?
No, en todo caso seria algo pasajero, había que encontrar la manera de “resolver el problema”, que había osado sacarme de mi sueño para llevarme a otro país.
No reconocía mas el lenguaje de mi cuerpo, era como ajeno, un terreno desconocido del que no sabía el idioma y en el que estaba sola hasta la desesperación. Eso lo asocie con un exilio, expulsada del mundo de la salud en el país del parkinson.


Ya les contaré mis diferentes etapas de cómo fui reaccionando hasta ahora...

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viernes 14 de septiembre de 2007

Hoy es mi cumpleaños


Esta foto es de hace un ratito.
Vinieron un montón de amigas, me sentí muy mimada.
Muchas gracias!
Tengo la impresión de estar renaciendo.
¿Estaré recobrándome?
(Perdón que lo repita pero me va como anillo al dedo en este momento)


"Si para recobrar lo recobrado
tuve que haber perdido lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.

Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido, lo sufrido,
tengo por bien llorado, lo llorado.

Porque después de todo he comprendido
que no se goza bien de lo gozado,
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprobado
que lo que tiene el árbol de florido,
vive de lo que tiene sepultado".

Francisco Luis Bernárdez.


Esta foto es de cuando cumplí un año. Hace 40.

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lunes 20 de agosto de 2007

Río marron

El horizonte esta cerrado. Se lo ve implacablemente gris, recto y sin fisuras. El viento gélido de tierra se lleva todo hacia allí. Los Sauces lloran de frío y la tosca está desnuda, impúdica. Más lejos, las gaviotas le susurran al río arrugado sus secretos.

Una valla impide el acceso al mirador que está en obra. Algo nuevo nacerá en su reemplazo.

Este lugar: ¿Será el País de lo Imposible, o el de la Soledad? Nada de eso. Es el País de la Realidad. Por inhóspito que lo veamos debemos saber que detrás del cielo encapotado está el sol. Por punzante y cruel que sea el dolor, pasará. Si lo superamos, se hará la luz. Y los destellos de mil diamantes nos mostraran su presencia.

Huyendo al País de la Fantasía, el río se ve celeste y quieto, ocultando así su esencia marrón. Es el reflejo del cielo: infinito, nítido y sin estructuras, donde no hay ni miedos ni muerte, sólo amor.

Pero el río no es celeste, es marrón.


VER MAS FOTOS DEL RIO

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miércoles 8 de agosto de 2007

Tiempo. Memoria.

Calle Juncal, ciudad de Buenos Aires, Junio del 1939.



Calle Juncal, ciudad de Buenos Aires, Julio del 2007

Para Andrei Tarkovsky, cineasta ruso, el Tiempo es un estado:

"La flama en la cual vive la salamandra del alma humana"

Tiempo y memoria se funden uno en el otro. Son como dos caras de una medalla. Para él, el tiempo es un concepto espiritual.

"El sufrimiento nace de la insatisfac­ción, del conflicto entre el ideal y la situación en la que uno se encuentra en ese momento. Mucho más importante que el sentimiento de «felicidad» es el fortalecer el alma en la lucha por aquella libertad verdaderamente divina."

Para Benjamin Franklin, político y científico estadounidense, el Tiempo es dinero. La famosa frase suya:

"Time is Money"

Una definición pragmática.

"La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días."

¿Cuál se acerca más a tu opinión?
¿Les gusta el juego de las 10 diferencias entre 2 imágenes? Aunque no se cuantas serán...

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miércoles 18 de julio de 2007

El Kremlin


Era mi primer mañana en Rusia, que me regalaba un sol completamente decidido. Salimos del hotel a caminar por el centro de Moscú, con ropa cómoda. No cargaba casi nada porque no se podía entrar al Kremlin con bolsos o mochilas... Es una ciudad, muy antigua, lo que se puede apreciar en las gruesas paredes de las iglesias que sobrevivieron a varios incendios, y en las altas murallas. En las cúpulas de forma de cebollita se percibe la influencia oriental.
Mientras caminaba iba registrando el tamaño inmenso de todo: avenidas anchísimas, edificios monumentales y veredas para gigantes que se transformaban en cualquier momento en plazas secas sin ni un rastro de verde, ni árboles ni pasto… Sin querer o a propósito, estas dimensiones nos hacían sentir la escala del país, tan grande cuando era un Imperio como ahora.
A la vez iba conociendo a los del grupo, ahí mismo ya empecé a charlar con Esperança y Joan, un matrimonio de Barcelona que me pareció amoroso. Marina, nuestro ángel de la guarda, iba adelante, una auténtica guía, resolvía todo con una eficiencia asombrosa y tuvo siempre la sensibilidad para percibir lo que cada uno necesitaba sin que jamás se notara. La otra señora que nos guió específicamente en Moscu, Galina, era una típica rusa, toda redondita y blanca, con ojos celeste transparente. Tendría unos 50 años y una energía y agilidad envidiables. Ella nos explicó qué era el Kreml, (como se pronuncia en ruso)

Se trata de un territorio de veintiocho hectáreas, sede del gobierno del país, encerrado por una muralla. Como tal tiene muy estrictas normas de seguridad. Nos mentalizamos para esperar un rato en la cola, habrá sido media hora, donde vimos cómo a varios les negaron el acceso en un portón con un control similar al que se realiza al subir a un avión.

Me pareció que había resabios del régimen totalitario, observé mucha presencia militar y cómo ejercen su poder. Me asombró el respeto, que le tiene la gente, lo dóciles que son. A nadie se le ocurre ni remotamente cuestionar a la autoridad (yo pensaba en nuestros piquetes…) Una vez adentro del Kremlin había gente que controlaba que no se desarme el grupo. Ni bien alguien se rezagaba sacando fotos o bajaba un pie de la vereda, sonaba un estridente silbato, que a mi me sobresaltó un par de veces.
El Kremlin se puede visitar solo a pie, hay un lugar para sentarse, unos bancos de piedra al borde de un jardín, pero ni cafetería ni nada.

Observé la majestuosidad del Gran Palacio y los símbolos restaurados del águila bicéfala, a la vez que en varios puntos quedaron los símbolos comunistas. Lo que más me impactaba es que todo sea tan grande.

Ví unos baños químicos y tuve que interrumpir mi ensoñación con una “escala técnica”, a pesar de la impresión que me causaba la visible y olfativa poca higiene de estos. También me impactó la cara de pocos amigos de la viejita que los cuidaba, con ademanes de sargento y pañuelo en la cabeza. Como tardé bastante, ocurrió lo que a veces tuve como pesadilla: ¡me abrieron la puerta! Sí, es que no se podía trabar, por suerte ya estaba casi 100% vestida…

Fue llegando a la plaza de las Catedrales que sentí por fin algo de lo que esperaba. El espíritu ruso que yo había “mamado” no tenía que ver con ninguna política. Era más una mezcla de Fe y fuerza, espíritu de superación y calidez humana. Me encanto entrar a la catedral de la Asunción, toda blanca, muy austera en su ornamento. Y la virgencita que yo tenía en casa, de 5cm ahí estaba multiplicada por cientos de iconos enormes, unos arriba de otros, como si fueran estanterías, formando el panel de iconos, iconostacio, que divide el ámbito público del Altar. Era muchísimo mas antiguo e importante que el de la capillita a donde me llevaba mi abuela pero pude comprobar que en muy humildes proporciones en Buenos Aires, se había logrado reproducir el espíritu. Un coro masculino cantó un salmo a varias voces y me tocaron el corazón esos sonidos, tan familiares y tan lejanos…

Antes de entrar al palacio que hoy es el Museo de la Armería nos sentamos en unos bancos, eran casi las 12 del mediodía y habíamos salido a las 9. El paso lento pero constante me había cansado mucho así que la piedra poco hospitalaria de los bancos me pareció una bendición.

Del museo salí aturdida. No solo habían armas, sino también carrozas, vestidos de coronación, cruces, mitras, cetros, tronos, cálices, coronas, todo de oro, brillantes y piedras preciosas, tanto brillo que parece irreal. Surge el inevitable sentimiento del poderío que tenían los zares y diferencia social que había. Rusia fue uno de los imperios más grandes y ricos de todos los tiempos. Los zares eran considerados seres sobrenaturales y el pueblo, en su mayoría campesinos los veneraba como tales.

Hoy en día se repiten las diferencias aunque con otros protagonistas. Se ve gente ostentando muchísimo dinero. Auténticos magnates que compran productos de todas las marcas más caras del mundo, de accesorios, ropa, autos, lo que sea. Y eso, para el común de la gente es simplemente inaccesible. Es una realidad para pocos.
Yo pensaba que luego de 80 años de comunismo la realidad iba a ser más pareja y resultó exactamente lo contrario.

DATOS
Moscú: Capital del imperio hasta el siglo XVII y después de 1917 hasta la actualidad.

La gruesa muralla que encierra el Kreml hoy fue levantada en el siglo XV. Tiene un espesor que varía entre 3,5 a 6,5m y su altura de 5 a 19m. 20 torres, en su perímetro de 2.235m.

La plaza de las Catedrales reúne 4 iglesias, muy antiguas (1475, 1485, 1505 y 1547). Las cúpulas, están recientemente re-doradas y brillan muchísimo.

Los edificios civiles: donde vivían los zares, el Gran Palacio, el Palacio de los Congresos, el antiguo Congreso (construido en 1961 por Niñita Jruschov), antiguo Arsenal, antiguo Senado (de la época de Catalina la Grande), el Palacio de los Patriarcas y el de la Armería, que hoy en día funcionan como museos.


VER FOTOS
Son fotos de la caminata alrededor del Kremlin y adentro. Hay detalles interesantes.

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domingo 1 de julio de 2007

Pasado - Presente - Futuro

Frente de la casa de mis abuelos, año 1942. Mis abuelos y Mamá son los tres más a la derecha.



Frente de la casa de mis abuelos, año 1980. Baba, mis primos y mi hermano.


Frente de la ex-casa de mis abuelos, actual.

"Se borran el pasado y el presente, pues ya los he colmado y vaciado,
Ahora me dispongo a cumplir mi papel en el futuro."
Por Walt Witman
Reflexión:
¿Quien sabe a dónde va el camino?
¿Hacia dónde fluyen los días?
Solo el Tiempo.

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miércoles 20 de junio de 2007

sube, sube, sube bandera del amor

Juan (5 años) canto en su acto con todos sus compañeritos (la madre no tenía la cámara...) la canción de Mercedes Sosa Sube, bandera del amor. Aquí va el estribillo, del que no lograba salir, se le rayó el disco, jajaja. No se lo pierdan!
Para poder oirlo, hacer clic en la flecha de play.

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domingo 3 de junio de 2007

Viaje a Rusia: primer impacto

Mi primer contacto con Rusia fue el formulario de migraciones que nos dio Marina, nuestra guía, cuando el avión Boeing 737 estaba empezando su descenso al aeropuerto Sheremetyevo de Moscu. ¡Es increíble que ese papelito de migraciones solo estuviera escrito en ruso! Como la guía sabia que yo entendía el idioma me dejó mientras se fue a ayudar al resto, que definitivamente estaba peor que yo.
Pude completar casi todo, sin embargo, estaba nerviosa porque había tramitado la visa por mi cuenta (al resto del grupo se la tramitaron los de la agencia de viajes) y no encontraba el número de invitación que me habían mandado para tramitarla. Pensaba en la conocida burocracia rusa y no quería que me faltara ningún dato y pasar lo más inadvertida posible.
Estaba a punto de cumplir la promesa que le había echo a mi abuela, una tarde cualquiera en una de nuestras clases de ingles (ella fue mi maestra). Yo le dije que cuando pudiera iba a ir a su país. Habían pasado más o menos 25 años desde aquel momento, pero yo nunca lo olvidé. Y el último año fue de intensos preparativos.
Ya tenía que bajar del avión y como para tratar de dominar mi emoción, revisé mis pertenencias, repentinamente transformé lo trivial en lo más importante en mi cabeza: llevar el saco puesto, el bolso de mano con la mano izquierda, la cartera en el hombro derecho, mientras pensaba:
- ¿Se notará que estoy temblando?
Creo que no, porque era como una vibración casi imperceptible en todo mi cuerpo…
Pisé suelo ruso, al final de la escalerita por la que bajamos a cielo abierto y casi sin darme cuenta me encontré parada en una cola en medio de un montón de gente, en un hall oscuro y gris. Por las pocas ventanillas habilitadas calculé que el trámite de migraciones sería lento.
Con cierto temor a no poder pasar el control, recordé que en mi bolso de mano traía la fotocopia de la invitación y la saqué. Pero no estaba el famoso número que me faltaba. En ese momento me sonó el celular, por un lado era una maravilla que funcionara el rooming, pero por otro no sabía si estaba permitido hablar por celular ahí. Así fue como atendí, era Mamá, le dije que la llamaba después y corté inmediatamente.
Cuando era la próxima a ser atendida, me asaltó un rapto de criterio lógico de nunca adelantarme a las circunstancias. Si me preguntaban algo de esa invitación, tenia la fotocopia, así que la podía mostrar. Pero mejor no levantar la perdiz antes de tiempo. Cuestión que entre la ansiedad y el apuro apenas si podía abrir el cierre y guardar esa fotocopia. Justo me llamaron. Salvo pedirme, a cara de perro, que me sacara los anteojos para compararme con la foto del pasaporte y preguntarme si venia con el grupo español, nada mas… Ya había entrado.

Pasamos todos como por un tubo, por ser de La Expedición RACC (Así se llamaba nuestra excursión, que es como del Automóvil Club Argentino pero de Catalunya). El encuentro con Marina y el grupo había sido en el aeropuerto de Munich, en medio del orden y la perfección alemanes. Yo venia de Madrid y ellos de Barcelona. El grupo de españoles a simple vista se veía homogéneo y en comparación con la variedad de gente que ya había visto en un rato de caminar por ese aeropuerto, eran bastante parecidos a los argentinos. Sentí en ese momento un gran alivio porque de ahí en más no iba a estar sola.
El aeropuerto moscovita se parece a la parte vieja de Ezeiza, para los españoles: muy “sshovietico”, calificativo que usaron muy seguido. Vimos como cargaron nuestras valijas en un ómnibus súper moderno de 2 pisos, yo me acomodé arriba.

Cuando partimos hacia el hotel eran como las cinco y media de la tarde, estaba nubladísimo, no hacia frío. Lo primero que me impresionó fue la densidad y extensión de bosques de abedules y confieras. Las zonas suburbanas, muy comerciales. Ví, para mi asombro, muchos galpones nuevos, de construcción muy económica, o supermercados.

Intercalados con lo comercial, una interminable proliferación de conjuntos habitacionales parecían multiplicarse, inmensos. Fueron construidos de todos los estilos en la época soviética.

La mitad de Moscú estaba en obra.
Acercándonos al centro las calles se angostaron, complicando mucho el tráfico de autos muy lujosos, mezclados con Troley-buses y Ladas.

Por sus molduras calculé que los edificios, de una altura homogénea de hasta cinco pisos, serian del siglo XIX, elegantes y por lo general bien mantenidos. Uno de estos edificios era nuestro hotel, muy bien reciclado. Me relaje con un baño de inmersión y ya tenia que prepararme para salir a comer con el grupo.
Me invitaron a su mesa tres matrimonios catalanes que eran amigos viajando juntos. Yo casi no articulaba palabras ni pensamientos de lo cansada que estaba. De entrada, uno de ellos me hizo la pregunta obligada:
- ¿Por qué vienes a Rusia?
Respondí que mis abuelos habían nacido ahí y se habían ido por la Revolución, y que venia a conocer el país que ellos dejaron.
Esa noche me sentí un poco sapo de otro pozo, hablaban mucho en catalán que después fui entendiendo cada vez más.

Antes de volver al hotel dimos una vuelta panorámica nocturna. Eran las once de la noche, el espectáculo de Moscu iluminada era mágico. Las cupulitas doradas de las iglesias antiquísimas brillaban como queriendo demostrar, con sus formas de cebollitas y belleza sobrenatural, que ahí estaba la esencia de la ciudad.
Pero el cansancio es lo que mas me acuerdo de ese momento, me había despertado en Madrid a las 4:50 de la madrugada luego de acostarme tarde charlando en una agradabilísima sobremesa con mis amigos, Mónica y Guillermo. Y venia de una noche de mal sueño del vuelo trasatlántico. Así que lo único que quería era cerrar los ojos y reponerme.

De primer impacto percibí a Rusia como un gigante cansado. Un gigante poderoso en otros tiempos que fue doblegado y vencido por la historia y en la actualidad sometido a la publicidad y al consumismo. Eso me impresionó mucho: a juzgar por la cantidad de locales comerciales, autos de lujo, e inmensos carteles publicitarios, el consumo parece ser el nuevo Zar.

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martes 15 de mayo de 2007

todos los dias sale el sol











No hay dos iguales, saque estas fotos desde el mismo punto observando que al amanecer el cielo se ve siempre diferente, esta en constante movimiento. Algunas fotos son parte de una serie del mismo dia y otras son de diferents dias.

¿Podremos ver la maravilla de la naturaleza? ¿Cual les gusta más?

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viernes 11 de mayo de 2007

Mar Negro (fragmento de El Cuerpo no Calla)


Una noche que nos quedamos a dormir en lo de mi abuela, mis primos, mi hermano y yo, le pedimos a Baba que nos contara “un cuento de verdad”, porque ella tenía cosas guardadas en su memoria, experiencias vividas, que nos fascinaba escuchar. Entre los relámpagos que veíamos por la ventana ella pareció repentinamente una niña de nuestra edad. Mi hermano debía tener cinco y yo once, entre esas dos edades estábamos los cinco nietos con los oídos alertas a su tono de voz, que respirando profundamente juntaba coraje para remontarse a su niñez accidentada, pero vivida con la frente alta y luego contada como si no hubiera sido nada de otro mundo.
Era mil veces más interesante oir de su boca lo que había sentido cuando tenía nuestra misma edad, viviendo situaciones que parecían aventuras. Y ella las vivió así. Para nosotros era muy intrigante, así que nos acomodamos alrededor suyo, yo en un sillón grande, vencidos los elásticos, por lo que me parecía el más cómodo del mundo. Con la luz de su relato nos olvidamos un poco de la lluvia torrencial que caía afuera, golpeando las baldosas del patio, y por un rato estuvimos en el Mar Negro.
Escuchamos:

“Yo estaba mareada, siempre me mareaba, decía mi mama, ella era la que estaba mejor de nuestro grupo que éramos: mi madre, mis tres hermanos y yo, escoltados por el señor Sannikov, un hombre mayor que no se si era amigo de mi papá, lo que sé bien es que era una especie de salvoconducto para nosotros que en ese momento éramos sus supuestos parientes. Luego de haber pasado hambre y haber perdido todo, logramos embarcar en un vapor, en Sebastopol, en la península de Crimea con la idea de llegar al mar de Mármara para después, en tren atravesar Turquía y Bulgaria, para alcanzar el Reino de Serbios, Croatas y Eslovenos, que recibían a los refugiados como nosotros.
El barco se movía endemoniadamente sacudido por las olas del Mar Negro embravecido. Por el ojo de buey con la última luz del día veíamos todo cielo o todo agua. A duras penas si cabíamos en el camarote de madera muy oscura y cuatro cuchetas, dos inferiores y dos superiores. Arriba dormían mis hermanas mayores: Ana que no paraba de vomitar y Natasha que estaba como si nos fuéramos de vacaciones. En las inferiores, mama y mi hermano Nicolás y yo, por ser la menor iba en el suelo. Me había encontrado un huequito para calzarme y no patinarme con el cabeceo y rolido del barco, que estaba capeando un temporal del sur.
Yo me quedaba en el camarote porque me daba mucho miedo el mar, “chorne” negro en ruso, se veía así todo esa noche. Y ahí adentro el olor rancio de la madera embebida de sal marina mezclada con el olor a desinfectante me revolvía el estómago.
Estábamos saliendo de Rusia para siempre aunque no lo sabíamos, papa nos había dicho que nos portemos bien y que le hagamos caso a mamá. Nos tenía que llevar a la escuela, porque hacía mucho que la habíamos dejado en San Petersburgo”.

Mi abuela parecía recordar todo como si hubiera pasado el día anterior, porque se acordaba de cada detalle.

“La tormenta que nos tocó esa noche, justo antes de cruzar el estrecho de Dardanelos era como esta, pero en medio del mar parecía mas feroz. A la mañana siguiente ya nos esperarían en el puerto turco de Gallípoli, después inmediatamente nos iríamos en tren hasta Belgrado para seguir a Novi Becej. Ahí había un colegio de mujeres, con el programa del que íbamos en San Petersburgo, Instituto Harkov. Por fin se terminaría el sufrimiento de conseguir algo para comer todos los días. Allá iríamos las tres chicas y mamá que la habían aceptado como celadora, a vivir pupilas. Nicolás iba a otra ciudad a un colegio similar pero de varones.
El problema grave era la salud del pobre hombre que venía con nosotros, había contraído tifus. Mamá y Natasha se turnaron todo el tiempo para ponerle trapos mojados en la frente pero no recobró la conciencia desde el segundo día de navegación. Tenía mucha fiebre, yo solo podía verlo desde la puerta de su camarote para no contagiarme. Yo lo notaba muy pálido al señor Sannikov, me hizo acordar a la cara de mi hermanito que se había dormido para siempre, eso me habían dicho. Aunque yo sabía bien por las ratas que capturaba mi perro en el campo cómo era estar muerto. Unas horas antes de desembarcar, nuestro pasaporte viviente había fallecido. Mi madre era la más desesperada y más consciente de lo grave que era la situación. Lo más importante era que no nos deportaran nuevamente a Rusia…
Pero Natasha dijo con toda tranquilidad: bueno, quien sabe que se murió?
En el barco todos sabían que venía un hombre enfermo. Así es que el rato que les quedaba fue de una actividad frenética, vistieron al pobre sr. Sannikov con su uniforme de militar retirado, sus botas, el largísimo sobretodo y hasta la gorra. Dentro del diminuto camarote lo pusieron de pie sosteniéndolo mamá y Natasha, una de cada lado, tomándolo por debajo de los brazos. Por suerte no era más alto que ellas el buen hombre, Nicolás llevaba los papeles que le había dado papá y tenía que bajar lo antes posible para ver si alguien había ido al puerto a buscarlo al ex general. Ana y yo llevábamos nuestras escasas pertenencias. Me acuerdo que Ana lo miró con cara de desaprobación, le levantó el cuello del sobretodo y le calzó bien la gorra hacia delante. Su cabeza estaba un poco inclinada también hacia delante, y Ana con su voz suave me dijo: se lo ve muy mal, ¿no es cierto Nadia? A veces mi hermana mayor me sorprendía con su repentino humor negro.
Haciendo un esfuerzo sobre humano, porque en un principio no parecía muy pesado pero con los minutos cada vez era más y más difícil avanzar con él. Por los angostos pasillos llegaron a una escalera que debieron subir. Otra vez tomaron aire, ya les parecía estar llevando un saco de plomo. Apretando los dientes y sacando todas sus fuerzas, subieron esos escalones y en seguida estaban atravesando la pasarela que los unía con suelo firme y la posible libertad. Vimos a Nicolás venir corriendo hacia nosotros con un auto que lo seguia en un gran playon gris y desordenado del puerto. Se abría camino esquivando grupos de gente saludándose, baúles y bolsos. Yo pensé que hubiera sido lindo encontrarnos con papá y abrazarlo. Por un instante mamá creyó que había problemas pero no, el auto era de los que vinieron a buscar a Sánnikov, unos marineros lo observaron embutido en su uniforme con todas sus condecoraciones y con visible respeto lo acomodaron sentado en el asiento del acompañante. El pobre seguía con la cabeza colgando un poco. Nosotros nos quedamos, hicimos el trámite diciendo que al general se lo llevaron con urgencia al hospital porque tenía tifus.
Tuvimos que quedarnos ahí cuarenta dias antes de seguir adelante".

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sábado 5 de mayo de 2007

10 años



Hoy hace 10 años que falleció mi abuela. Voy a ir publicando semanalmente lo que nos contó de su vida que me parece un ejemplo de adaptación. Iré agregando sus historias que parecen cuentos aunque fue todo real. Por ahora solo la presento con su retrato.

Con la humildad que vivió jamás se pudo imaginar la fuerte marca que me dejo. La estoy descifrando poco a poco, por medio de cartas suyas y mías, el olor de las fresias que me llevan a su jardín, de las uvas chinches, escuchando “El Moldava” de Smetana, mirando fotos de su vida y viendo los lugares por donde anduvo, con ese paso inestable pero absolutamente determinado a no rendirse nunca. Sea lo que sea que pase ella seguiría adelante pensando solo en el paso siguiente. Y si no sin pensarlo, para no sentir tanto dolor a veces la negación es el único remedio.

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martes 1 de mayo de 2007

Otoño (fragmento de El cuerpo no Calla)



El otoño se encargo de todo.

Venía arrastrando levemente los pies, abrumado, pisando la espuma de hojas mojadas, bajo la bóveda de la avenida de robles. Los colores iban desde el amarillo hasta el fuego. La neblina que quedó estática, olía a tierra que había saciado su sed. La Naturaleza
insistía en enseñarle la maravilla de la vida.
Detuvo su mirada en algo que lo dejó perplejo. Vio justo el momento en que una hoja que pendía de una rama la soltó cayendo en forma de tirabuzón apoyándose suavemente en el suelo.
Era la sabiduría natural. Pensó, soltar la rama.
Extendiendo su mano tomó esa hoja queriendo encontrar en ella la clave y las instrucciones que le enseñaran a seguir sus pasos. La sintió rugosa pero flexible, doblándose ante la presión de sus dedos sin ofrecer la menor resistencia. Las nervaduras en relieve y una infinidad de líneas que dibujaban una trama perfecta le hicieron ver el mapa de su vida con todas las opciones que esta le presentaba.
Cada una de las hojas era diferente pero todas perfectas. Ellas lo sabían, lo supieron siempre. Sabían cual era su Misión.
Desde que brotó, esa hoja, abriéndose paso a la luz obedeció la ley natural creciendo, respirando y oxigenando, dando refugio del sol y vida. Supo tornarse carmesí pasando por toda la gama, con orgullo de mostrar cada estado sin temor a lo que vendrá.
Tal vez quede debajo del árbol al que perteneció o un pájaro tome su cabito para armar su nido o una ráfaga se la lleve más allá cayendo en el barro. Pero tarde o temprano formará parte de la tierra, de la que nació y se nutrió la semilla que le dio la existencia, completando el ciclo.
Las hojas se entregan por amor, sin pedir nada a cambio y mueren en otoño.

El ocaso estaba pintado en forma de lluvia dorada y sangre.

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sábado 21 de abril de 2007

La música y yo

Desde adentro de la panza ya escuchamos los sonidos que nos rodean, con el ritmo de fondo del corazón de nuestra madre. Todo en nuestra vida tiene algún ritmo que en algunas culturas es mas evidente que en otras. En África cada actividad que hace la mujer embarazada o con un hijo colgado en su espalda tiene marcado un ritmo, que además se canta y baila. Así eso sea moler algún alimento en el mortero o lavar la ropa en el río, todo se hace con un ritmo remarcado por algún sonido de percusión o canto. Esa música es vida.
En nuestra cultura Occidental, nos distanciamos mucho de ese ritmo natural. Todos estuvimos un una panza, pero después todo es diferente. Se promueve el silencio en oposición al “ruido”, y poco a poco nos vamos “civilizando” y alejándonos de los instintos.

La música folklórica de cada región refleja las características de su gente. Se la puede sentir en el corazón y el cuerpo, bailando. En cambio la música barroca fue compuesta por lo general como sacra, para elevar el espíritu.

Desde chica en mi casa se escuchaba todo tipo de música, era algo natural que estuviera sonando Vivaldi, Edith Piaff, Los Beatles o la música del ultimo Carnaval de Brasil. Varios de mi familia saben tocar algun instrumento musical o cantan.
A mí me gustaba todo, tocaba el piano y bailaba jazz. Me fui dando cuenta de que había sonidos que iban con determinados estados de ánimo. Que Bach y Hendel con esa estructura musical compleja tienen mucho que ver con la actividad cerebral. Produce un éxtasis de perfeccion mística escuchar la combinación de órgano, instrumentos de viento y coros en esas armonías.
El rock inglés nos influyó a tal punto que tenemos “rock nacional”. Generalmente tiene una estructura básica formada por pocas notas que se repiten en melodías simples. Suelen hablar de temas de la realidad cotidiana, con lo cual se hizo muy popular porque llegó al corazón de mucha gente por ser fácil de entender. Y lo mismo la música popular en general, nos podrá gustar o no, pero su contenido no por sencillo deja de contener una gran sabiduría natural.

Como se prohibió la música en ingles seguí escuchando lo que tenía: The Police, Queen, The Alan Parsons Proyect, Vangelis y el resto eran todos locales: Charly García, con “Yo no quiero volverme tan loco” a la cabeza, los Twist, Sui Generis, León Gieco… Si alguien viajaba traía música de “afuera” y era muy atractivo: el último disco de Génesis, Pink Floyd y otros que corrían como pólvora, era el boom de grabar en cassettes. Una actividad que me encantaba.

Cuando fui a Europa con mis padres tenía diez y siete años.
El impacto de conocer el Viejo Mundo para mi fue muy grande. Todo me pareció nuevo, perfecto, supersónico, impecable, la increíble convivencia entre lo hiper moderno con lo que tiene siglos de historia. En cuanto a lo edificado inmediatamente comprendí la escala de nuestra querida Buenos Aires, tan humilde al lado de todo eso y tan joven. Desde las piedras viejísimas por las que circulaban los autos más modernos que jamás había visto (ni un Rastrojero...) hasta cada palacio y obra de arte, todo me impacto muchísimo. ¡Que cantidad de gente de todos lados y todos diferentes!
En Alemania mi prima nos llevó a su cuarto que era un sótano que a penas recibía algo de luz de un patio inglés. Vi un caos en el que su colchón, sus cosas, su perro y sus gatos, todo estaba en el suelo. Puso un disco de Eurithmics y empezó a sonar una combinación de sonidos, bastante monótona e hipnótica, que jamás había escuchado. Me quedó grabada a fuego la voz de Annie Lennox diciendo: Here commes the rain again… La asocié con el asombro total y la ruptura con todo.

Hoy en dia, tomo clases de gimnasia bailada. La música se transforma en energía que llevada al movimiento del cuerpo me libera. Ahí bailamos diferentes estilos pero los que más me gustan son el africano y el hip hop. La sensualidad tan básica que tienen me atrae mucho y los movimientos son muy sencillos. Me llevan al origen del ser humano, natural, sin toda la complejidad que tenemos.
Es un descanso para la mente sentirme por un rato “parte de la música”.


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viernes 20 de abril de 2007

Sociedad de consumo

Agosto de 2005. E-mail a un amigo.
Hola V:
Yo no estoy bien, hoy fui a hacer las compras a un supermercado enorme, bueno para conseguir de todo, pero empecé a ver el espanto de la sociedad de consumo, este domingo es el día del Niño, entonces en todos los carritos se veían juguetes, y yo pensaba, es necesario? Es tanto más importante darles atención a los chicos, que regalos. Y encima como tenia que almorzar y ahí no hay otra cosa fui a Mac Donnald´s. Me senté justo adelante de la línea de cajas del supermercado y me daba pena ver mi cuadro. Comiendo comida chatarra, viendo millones de carteles de marcas y números, etc, y escuchando una música de fondo espantosa y por encima todos los "biiip" de lo que iban pasando las cajeras...
Insisto, no me siento bien. Y además me di cuenta que me obsesione con escribir. Y creo que empiezo a entender. No solo es el vacío de la soledad interior. Esta maldita enfermedad de Parkinson que me afecta el cuerpo... No se si sabes, pero de a poco (es progresiva) en el cerebro me falta una sustancia, la dopamina, que es neuro-trasmisora. Entonces toda mi percepción se va arruinando. No solo me cuestan algunos movimientos, más del lado izquierdo porque de ese empezó, sino que tampoco tengo mucha fuerza, me canso, tengo calambres, dolores, rigidez muscular, siento menos los olores y los gustos... Y los remedios, que son carísimos y algunos muy difíciles de conseguir también me dan "side effects": mareos (como si estuviera borracha, no todo el tiempo pero en cualquier momento), taquicardia, parece que se me sale el corazón. En fin, paro de quejarme un poco. Pero lo que entendí hoy es lo siguiente: como me siento así con mi cuerpo, me dan ganas de "huir" y para eso me sirve la compu porque acá no siento nada de todos esos problemas. Acá estoy bien, en realidad por suerte en la mente estoy bien, a veces con un poco de miedo de perder la razón, pero no es por la enfermedad.

Saludos
M

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jueves 19 de abril de 2007

FE (fragmento de El Cuerpo no Calla)

Cuando deje a mi hijo menor en la clase de natación, esta mañana, recordé que podía usar la otra pileta. Era una mañana tan nítida que estaba encandilada, el reflejo del sol en el agua me hizo respirar profundo. Me tomó un poco por sorpresa semejante iniciativa, la de ir a la pileta "grande", ni me acordaba lo espectacular que era. Estaba como desperezándose al lado del Río de la Plata, con ese color tan nuestro, café con leche, rodeada de sombrillas blanquísimas, todo impecable y muy poca gente. Unos pocos, estaban disfrutando de los templados rayos del sol, que me preció nuevo. Nueva era mi actitud, no el resto.
Repentinamente, mi marcha decidida se vio por un instante turbada por mi habitual inseguridad, nunca sé si me surge la inseguridad cuando doy un paso torpe y pierdo el equilibrio o es que lo pierdo por mi inseguridad. La cuestión es que en una rápida mirada observe que la mujer que estaba desparramada en la reposera más cercana, tenía los ojos cerrados. Retomé mi ritmo anterior, seguro, aunque sea para mi ficción, y un poco acompasado, sintiendo el pasto recién cortado descalza.
Por un momento con el agua helada a mi gusto, a la altura de los muslos, cuando iba bajando los escalones, volví a dudar: ¿Que pasa si tengo un calambre a la mitad de los 50 metros? Pero evidentemente alguna parte mía estaba mas decidida que mi natural indecisión. Elegí ir por el borde, si me hacia falta podía tomarme de algo.
Cuando empecé a dar las primeras brazadas y patadas de estilo pecho sentí una felicidad inexplicable, me acordaba de como se hacia... Flotaba, flotaba y avanzaba, era tan agradable. No me acordaba de cuanto me gustaba, ¿por que había dejado de nadar?
Miré mi sombra en el fondo de la pileta, y se veían las estelas que iba formando al avanzar, yo sola, flotando. Con un esfuerzo mientras iba por el tercer largo, calculé cuando fue la última vez que había nadado así, no digo un chapuzón. Justo hace diez años, tenía treinta en el embarazo de mi primer hijo. Y entonces vi que una década era suficiente para haberme olvidado de mí.
Pensé, ahora me toca a mí, es mi turno, pensaré más en mí. Después de cuatro largos, en lugar de los veinte que solía nadar, salí del agua. El corazón se me estaba saliendo desbocado, respiraba como si hubiera corrido una maratón y mi peso a mis piernas le pareció el de un gigante en lugar del mío. Pero mi sensación era de triunfo. Llegué a mi reposera y recuperando la respiración normal, me propuse retomar esto, de a poco. Con FE

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